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  #21 (permalink)  
Antiguo 16-05-2008, 20:09:35
O'Flaherty
 
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Predeterminado Re: Fuegos literarios

Por el sur, y salvo excepciones, la tradición es más bien, si no
inexistente, bastante más anodina. Aquí se es más de Semana Santa, Feria y
Rocío, pero aún así guardo algunos recuerdos de esas noches por la zona.
Veré de tener algún rato.


"Alb-aroth" <jm_larumbeNONONO***yahoo.es> escribió en el mensaje
news:g0fa50$3ou$1***localhost.localdomain...
Afilen sus teclados con piedras de lava y bits que los fuegos literarios
se acercan, un año más, en la noche mágica de san juan. Con tiempo para
pergeñar un cuento de amor y fuego, Fou, Fire and Fair, o como gusten.

Las hogueras arderán en el centro del patio con nuestros relatos
impresos y nos calentaremos en ese fuego, saltando sobre él doce veces
(Los más viejos sólo saltaremos una, ejem, y aparcando la silla de
ruedas cerca) y mirando nuestras caras enrojecidas por la luz de las
llamas y el wisqui irlandés (Al menos en mi caso) para ahuyentar así al
pertinaz invierno.

Fecha límite: La noche de san juan, 23 de junio.
Tema: Amor y fuego. Que es lo suyo.

Nos veremos en estas justas injustas.


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  #22 (permalink)  
Antiguo 16-05-2008, 20:09:35
O'Flaherty
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Fuegos literarios

Por el sur, y salvo excepciones, la tradición es más bien, si no
inexistente, bastante más anodina. Aquí se es más de Semana Santa, Feria y
Rocío, pero aún así guardo algunos recuerdos de esas noches por la zona.
Veré de tener algún rato.


"Alb-aroth" <jm_larumbeNONONO***yahoo.es> escribió en el mensaje
news:g0fa50$3ou$1***localhost.localdomain...
Afilen sus teclados con piedras de lava y bits que los fuegos literarios
se acercan, un año más, en la noche mágica de san juan. Con tiempo para
pergeñar un cuento de amor y fuego, Fou, Fire and Fair, o como gusten.

Las hogueras arderán en el centro del patio con nuestros relatos
impresos y nos calentaremos en ese fuego, saltando sobre él doce veces
(Los más viejos sólo saltaremos una, ejem, y aparcando la silla de
ruedas cerca) y mirando nuestras caras enrojecidas por la luz de las
llamas y el wisqui irlandés (Al menos en mi caso) para ahuyentar así al
pertinaz invierno.

Fecha límite: La noche de san juan, 23 de junio.
Tema: Amor y fuego. Que es lo suyo.

Nos veremos en estas justas injustas.


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  #23 (permalink)  
Antiguo 16-05-2008, 22:01:22
wr
 
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Predeterminado Re: Fuegos literarios


Al sur del sur. En Alabama las hogueras arden la noche de San Juan cual
si fuera la noche del desembarco de las tropas griegas en las costas de
Troya. Hay comercio y bebercio en infinitancia, como si no existiera el
ñamana, tradición de bañarse detrás de las orejas, o los medrosos, de
enjugarse los pieses, manos y cara pasada la medianoche para festejar que
nos ha tomado la playa Aquiles con sus maric.. ejemp... con sus mirmidones.
En Alabama semos otra excepción que confirma la feria. Sonrisas.

>Por el sur, y salvo excepciones, la tradición ...


___________________________________________
Visita http://elpatio.forosonline.es/
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  #24 (permalink)  
Antiguo 16-05-2008, 22:01:22
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Predeterminado Re: Fuegos literarios


Al sur del sur. En Alabama las hogueras arden la noche de San Juan cual
si fuera la noche del desembarco de las tropas griegas en las costas de
Troya. Hay comercio y bebercio en infinitancia, como si no existiera el
ñamana, tradición de bañarse detrás de las orejas, o los medrosos, de
enjugarse los pieses, manos y cara pasada la medianoche para festejar que
nos ha tomado la playa Aquiles con sus maric.. ejemp... con sus mirmidones.
En Alabama semos otra excepción que confirma la feria. Sonrisas.

>Por el sur, y salvo excepciones, la tradición ...


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  #25 (permalink)  
Antiguo 16-05-2008, 22:01:22
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Predeterminado Re: Fuegos literarios


Al sur del sur. En Alabama las hogueras arden la noche de San Juan cual
si fuera la noche del desembarco de las tropas griegas en las costas de
Troya. Hay comercio y bebercio en infinitancia, como si no existiera el
ñamana, tradición de bañarse detrás de las orejas, o los medrosos, de
enjugarse los pieses, manos y cara pasada la medianoche para festejar que
nos ha tomado la playa Aquiles con sus maric.. ejemp... con sus mirmidones.
En Alabama semos otra excepción que confirma la feria. Sonrisas.

>Por el sur, y salvo excepciones, la tradición ...


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  #26 (permalink)  
Antiguo 17-05-2008, 16:08:40
O'Flaherty
 
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Predeterminado Tres visiones de San Juan

Olivia arrastraba mis cinco años lastrados de espanto, de la mano, en la
oscuridad de una noche de faroles y grillos apagados, hacia la rojiza
claridad del fuego. Yo refrenaba el paso quedándome a su espalda. Su hermosa
trenza pelirroja colgaba hasta su cintura de quince primaveras pobladas de
pecas.

-No tengas miedo, no pasa nada -me susurró.

Pero los gritos y la fantasmagoría de gente saltando sobre las llamas, me
ponían más terror que ir en la dirección contraria, hacia el cementerio, que
estaba tan cerca de casa que muchas veces tocaba oir el gorigori a cualquier
hora, cuando había entierro.

Llegamos al corro de gente, al centro de la bullanga y el griterío. Algo
alargado, grueso y negruzco, recostado sobre la fogata medio consumida, era
el reto a saltar que la chavalería no se pensaba dos veces.

-¿Qué es eso? -pregunté a Olivia señalando el bulto oscuro y chispeante que
atravesaba el círculo de la fogata.

-Un hombre muerto.

A pesar del tiempo transcurrido, ese instante es un recuerdo que permanece
en alguna hilacha indeleble de mi memoria, sin posibilidad de borrarse. Al
día siguiente, temprano, la inquietud de mi sueño aún seguía allí, pero la
magia se había evaporado: solo un tronco de palmera, carbonizado, pero con
la forma que la preciosa Olivia y el atávico terror infantil habían
esculpido en mi mente.

- - - -

Años más tarde, acotado entre los paréntesis de mis padres, recuerdo el arco
de una calle, a la salida de una plazuela de pueblo, junto al que, tendida
de balcón a balcón, una cuerda sostenía una silla en la que se sentaba un
monigote perfectamente ataviado. El que la boina sea aún lo más permanente
en mi memoria, solo puede deberse a que humanizaba al fantoche confiriéndole
humana apariencia. Y la silla.

-¿Qué es eso? -pregunté a mi madre.

-Un júa.

-¿Un qué?

-Así le llaman aquí: un 'júa', un Judas, un mal hombre al que hay que quemar
por San Juan.

En esa ocasión había tanta gente que el fuego solo se imaginaba por el
resplandor de las paredes, blancas de cal. Los encargados de sostener la
cuerda iniciaron un suave vaivén acompañado del silbido estridente de la
multitud. En un momento dado, se aflojaron las cuerdas, descendió la silla
y, es de suponer, el fuego convirtió en cenizas el muñeco, pero mi mente
permanece virgen a esa imagen.

- - - - -

Lustros después, era mi mano la que sujetaban los cinco años de mi hija
Rocío, camino de la playa. Aún seguía siendo yo el arrastrado aunque esta
vez por la manecita entusiasta de su propietaria, dos coletas sujetas con
mariposillas de plástico en el pelo, una voz chillona de pura histeria, que
adivinaba desde lejos un castillo de Cenicienta en cartón piedra.

Permanecimos sentados en la arena, en un corro enorme de prudencia, mientras
el fuego consumía los celestes y rosas de sus cúpulas, torreones y
ventanucos, princesas rubias y audaces galanes, ante la mirada fija, inmóvil
y sorprendida de la niña. Hubo fuegos de artificio y la gente acabó
dispersándose en busca de sus propios sueños.

A medianoche, como dicta la tradición, cerca de los rescoldos y el bullicio,
sujeta aún de mi mano que esta vez le aliviaba el sobresalto emocionado,
sumergimos los pies descalzos en la orilla. Un lametón de mar con reflejos
de luna nos estallaba olas entre los dedos. Rocío, esa noche, su primera de
San Juan, no pasó miedo, porque su risa de cristal y el chapoteo de sus
piececillos, habían matado todos los temores.

(O'F, San Juan 2008)


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  #27 (permalink)  
Antiguo 17-05-2008, 16:08:40
O'Flaherty
 
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Predeterminado Tres visiones de San Juan

Olivia arrastraba mis cinco años lastrados de espanto, de la mano, en la
oscuridad de una noche de faroles y grillos apagados, hacia la rojiza
claridad del fuego. Yo refrenaba el paso quedándome a su espalda. Su hermosa
trenza pelirroja colgaba hasta su cintura de quince primaveras pobladas de
pecas.

-No tengas miedo, no pasa nada -me susurró.

Pero los gritos y la fantasmagoría de gente saltando sobre las llamas, me
ponían más terror que ir en la dirección contraria, hacia el cementerio, que
estaba tan cerca de casa que muchas veces tocaba oir el gorigori a cualquier
hora, cuando había entierro.

Llegamos al corro de gente, al centro de la bullanga y el griterío. Algo
alargado, grueso y negruzco, recostado sobre la fogata medio consumida, era
el reto a saltar que la chavalería no se pensaba dos veces.

-¿Qué es eso? -pregunté a Olivia señalando el bulto oscuro y chispeante que
atravesaba el círculo de la fogata.

-Un hombre muerto.

A pesar del tiempo transcurrido, ese instante es un recuerdo que permanece
en alguna hilacha indeleble de mi memoria, sin posibilidad de borrarse. Al
día siguiente, temprano, la inquietud de mi sueño aún seguía allí, pero la
magia se había evaporado: solo un tronco de palmera, carbonizado, pero con
la forma que la preciosa Olivia y el atávico terror infantil habían
esculpido en mi mente.

- - - -

Años más tarde, acotado entre los paréntesis de mis padres, recuerdo el arco
de una calle, a la salida de una plazuela de pueblo, junto al que, tendida
de balcón a balcón, una cuerda sostenía una silla en la que se sentaba un
monigote perfectamente ataviado. El que la boina sea aún lo más permanente
en mi memoria, solo puede deberse a que humanizaba al fantoche confiriéndole
humana apariencia. Y la silla.

-¿Qué es eso? -pregunté a mi madre.

-Un júa.

-¿Un qué?

-Así le llaman aquí: un 'júa', un Judas, un mal hombre al que hay que quemar
por San Juan.

En esa ocasión había tanta gente que el fuego solo se imaginaba por el
resplandor de las paredes, blancas de cal. Los encargados de sostener la
cuerda iniciaron un suave vaivén acompañado del silbido estridente de la
multitud. En un momento dado, se aflojaron las cuerdas, descendió la silla
y, es de suponer, el fuego convirtió en cenizas el muñeco, pero mi mente
permanece virgen a esa imagen.

- - - - -

Lustros después, era mi mano la que sujetaban los cinco años de mi hija
Rocío, camino de la playa. Aún seguía siendo yo el arrastrado aunque esta
vez por la manecita entusiasta de su propietaria, dos coletas sujetas con
mariposillas de plástico en el pelo, una voz chillona de pura histeria, que
adivinaba desde lejos un castillo de Cenicienta en cartón piedra.

Permanecimos sentados en la arena, en un corro enorme de prudencia, mientras
el fuego consumía los celestes y rosas de sus cúpulas, torreones y
ventanucos, princesas rubias y audaces galanes, ante la mirada fija, inmóvil
y sorprendida de la niña. Hubo fuegos de artificio y la gente acabó
dispersándose en busca de sus propios sueños.

A medianoche, como dicta la tradición, cerca de los rescoldos y el bullicio,
sujeta aún de mi mano que esta vez le aliviaba el sobresalto emocionado,
sumergimos los pies descalzos en la orilla. Un lametón de mar con reflejos
de luna nos estallaba olas entre los dedos. Rocío, esa noche, su primera de
San Juan, no pasó miedo, porque su risa de cristal y el chapoteo de sus
piececillos, habían matado todos los temores.

(O'F, San Juan 2008)


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  #28 (permalink)  
Antiguo 17-05-2008, 16:08:40
O'Flaherty
 
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Predeterminado Tres visiones de San Juan

Olivia arrastraba mis cinco años lastrados de espanto, de la mano, en la
oscuridad de una noche de faroles y grillos apagados, hacia la rojiza
claridad del fuego. Yo refrenaba el paso quedándome a su espalda. Su hermosa
trenza pelirroja colgaba hasta su cintura de quince primaveras pobladas de
pecas.

-No tengas miedo, no pasa nada -me susurró.

Pero los gritos y la fantasmagoría de gente saltando sobre las llamas, me
ponían más terror que ir en la dirección contraria, hacia el cementerio, que
estaba tan cerca de casa que muchas veces tocaba oir el gorigori a cualquier
hora, cuando había entierro.

Llegamos al corro de gente, al centro de la bullanga y el griterío. Algo
alargado, grueso y negruzco, recostado sobre la fogata medio consumida, era
el reto a saltar que la chavalería no se pensaba dos veces.

-¿Qué es eso? -pregunté a Olivia señalando el bulto oscuro y chispeante que
atravesaba el círculo de la fogata.

-Un hombre muerto.

A pesar del tiempo transcurrido, ese instante es un recuerdo que permanece
en alguna hilacha indeleble de mi memoria, sin posibilidad de borrarse. Al
día siguiente, temprano, la inquietud de mi sueño aún seguía allí, pero la
magia se había evaporado: solo un tronco de palmera, carbonizado, pero con
la forma que la preciosa Olivia y el atávico terror infantil habían
esculpido en mi mente.

- - - -

Años más tarde, acotado entre los paréntesis de mis padres, recuerdo el arco
de una calle, a la salida de una plazuela de pueblo, junto al que, tendida
de balcón a balcón, una cuerda sostenía una silla en la que se sentaba un
monigote perfectamente ataviado. El que la boina sea aún lo más permanente
en mi memoria, solo puede deberse a que humanizaba al fantoche confiriéndole
humana apariencia. Y la silla.

-¿Qué es eso? -pregunté a mi madre.

-Un júa.

-¿Un qué?

-Así le llaman aquí: un 'júa', un Judas, un mal hombre al que hay que quemar
por San Juan.

En esa ocasión había tanta gente que el fuego solo se imaginaba por el
resplandor de las paredes, blancas de cal. Los encargados de sostener la
cuerda iniciaron un suave vaivén acompañado del silbido estridente de la
multitud. En un momento dado, se aflojaron las cuerdas, descendió la silla
y, es de suponer, el fuego convirtió en cenizas el muñeco, pero mi mente
permanece virgen a esa imagen.

- - - - -

Lustros después, era mi mano la que sujetaban los cinco años de mi hija
Rocío, camino de la playa. Aún seguía siendo yo el arrastrado aunque esta
vez por la manecita entusiasta de su propietaria, dos coletas sujetas con
mariposillas de plástico en el pelo, una voz chillona de pura histeria, que
adivinaba desde lejos un castillo de Cenicienta en cartón piedra.

Permanecimos sentados en la arena, en un corro enorme de prudencia, mientras
el fuego consumía los celestes y rosas de sus cúpulas, torreones y
ventanucos, princesas rubias y audaces galanes, ante la mirada fija, inmóvil
y sorprendida de la niña. Hubo fuegos de artificio y la gente acabó
dispersándose en busca de sus propios sueños.

A medianoche, como dicta la tradición, cerca de los rescoldos y el bullicio,
sujeta aún de mi mano que esta vez le aliviaba el sobresalto emocionado,
sumergimos los pies descalzos en la orilla. Un lametón de mar con reflejos
de luna nos estallaba olas entre los dedos. Rocío, esa noche, su primera de
San Juan, no pasó miedo, porque su risa de cristal y el chapoteo de sus
piececillos, habían matado todos los temores.

(O'F, San Juan 2008)


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  #29 (permalink)  
Antiguo 17-05-2008, 17:16:55
Alb-aroth
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Tres visiones de San Juan

COño.

Que bueno. Corregiría alguna cosa, pero es muy bueno. Infundía, en lugar
de ponía, y cosas de dar fluidez a la lectura, pero vaya, ya sabía que
escribías bien. :-)
Estupendo,.


* O'Flaherty:
> Olivia arrastraba mis cinco años lastrados de espanto, de la mano, enla
> oscuridad de una noche de faroles y grillos apagados, hacia la rojiza
> claridad del fuego. Yo refrenaba el paso quedándome a su espalda. Su hermosa
> trenza pelirroja colgaba hasta su cintura de quince primaveras pobladasde
> pecas.
>
> -No tengas miedo, no pasa nada -me susurró.

Responder Con Cita
 
  #30 (permalink)  
Antiguo 17-05-2008, 17:16:55
Alb-aroth
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Tres visiones de San Juan

COño.

Que bueno. Corregiría alguna cosa, pero es muy bueno. Infundía, en lugar
de ponía, y cosas de dar fluidez a la lectura, pero vaya, ya sabía que
escribías bien. :-)
Estupendo,.


* O'Flaherty:
> Olivia arrastraba mis cinco años lastrados de espanto, de la mano, enla
> oscuridad de una noche de faroles y grillos apagados, hacia la rojiza
> claridad del fuego. Yo refrenaba el paso quedándome a su espalda. Su hermosa
> trenza pelirroja colgaba hasta su cintura de quince primaveras pobladasde
> pecas.
>
> -No tengas miedo, no pasa nada -me susurró.

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