Newsgrupos.com  

Retroceder   Newsgrupos.com > Forum > Newsgroup es.humanidades.* Foro > Newsgroup es.humanidades.literatura
Registrarse Preguntas Frecuentes Lista de Foreros Calendario Buscar Temas de Hoy Marcar Foros Como Leídos




Respuesta
 
LinkBack Herramientas Desplegado
  #1 (permalink)  
Antiguo 17-05-2008, 23:21:56
jorfasan
 
Mensajes: n/a
Predeterminado RELIGIÓN EN DEMOCRACIA

Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
introducción.

http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB


RELIGIÓN EN DEMOCRACIA
J.M. Ruiz Soroa


INTRODUCCIÓN.-

La persistencia e importancia del fenómeno religioso en nuestras
sociedades modernas es un dato que puede interpretarse desde los
parámetros de la antropología, la sociología, el derecho o incluso la
filosofía; aquí, sin embargo, no hablamos tanto del fenómeno religioso
en sí mismo como del tratamiento que él merece y, sobre todo, el que
merecen los ciudadanos a los cuales afecta en una sociedad que se
organiza bajo los principios de la democracia constitucional. Nuestro
punto de vista es muy limitado en sus pretensiones y, formulado en
términos sencillos, lo que pretende es tan sólo aportar alguna respuesta
a una pregunta puramente política: ¿dónde ubicamos a la religión en una
democracia? O, lo que es lo mismo, ¿cómo deben manejar los ciudadanos
religiosos -los "ciudadanos metafísicos" como dice HABERMAS- sus
creencias y sentimientos de naturaleza trascendente cuando intervienen
en la esfera pública? ¿Y cómo deben contemplarlos los ciudadanos no
religiosos que inevitablemente dialogan con ellos?

El canon liberal en esta cuestión ha sido el de que en las sociedades
modernas la religión está confinada o reducida al ámbito privado. Es una
respuesta con pretensiones tanto descriptivas como normativas. Pues por
un lado pretende detectar una consecuencia fáctica del proceso de
modernización, el de que la religión ha quedado reducida fundamentamente
en las actuales sociedades occidentales a ser una experiencia personal.
Y, por otro, busca establecer el principio de que en la esfera pública
sólo comparecen e intervienen unos ciudadanos abstraídos de sus
creencias trascendentales, despojados de cualquier particular creencia
omniabarcante o cosmovisión religiosa. Es el modelo de la "vida pública
vacía de religión".

A pesar de su aceptación generalizada, un tanto acrítica, la
privatización de la religión suscita serias dificultades en su
aplicación concreta: en efecto, por un lado sucede que (sin desconocer
el valor de la experiencia religiosa como hecho individual e íntimo de
la persona) la religión es un fenómeno de naturaleza manifiesta y
directamente social, dado que pretende dar sentido a la vida humana y,
por ello, incorpora criterios de valor y normas con pretensiones de
orientar la totalidad de su conducta. Es incongruente con su propia
naturaleza y, sobre todo con su fuerza motivacional, pretender reducir
la religión al ámbito personal o privado. Y es que, por otro lado,
resulta difícil exigir a los ciudadanos religiosos que pongan entre
paréntesis sus creencias de origen sacro cuando intervienen en política,
precisamente porque esas creencias son las que inspiran y dotan de
sentido a su pensamiento en muchas de las materias convivenciales que
allí se resuelven. Esperar que los ciudadanos prescindan en el ámbito
público de sus creencias más fuertes supone admitir algo así como que
las personas podrían escindir y separar con toda naturalidad sus
motivaciones de sus actuaciones, una hipótesis más bien improbable.

La idea-guía de privatizar la religión, vista desde la perspectiva
institucional del Estado democrático, se transforma en el principio de
laicidad estatal, una exigencia que se interpreta como una condición
estructural de "neutralidad" y "ceguera" del aparato estatal ante la
religión. Y también aquí surgen los problemas de interpretación y
aplicación. En primer lugar, porque tiende a confundirse fácilmente el
sujeto del que se habla al mencionar la laicidad, aplicando por igual
dicha exigencia al Estado, a la sociedad, o al ciudadano mismo. Pero no
es lo mismo "un Estado laico" que "una sociedad laica"; pues si bien lo
primero es un ideal normativo para todo régimen democrático, lo segundo
es una auténtica aporía: la sociedad no es laica ni es religiosa, es
plural. Y, por otro lado, el concepto mismo de "laicidad" es bastante
confuso cuando intenta contextualizarse, como lo denota el hecho de que
no es nada claro cuál es exactamente su antónimo, es decir, qué excluye
exactamente la exigencia de "laicidad estatal". Porque puede entenderse
que a lo que se opone es a lo "clerical", de forma que la laicidad no
sería sino la expresión acabada de la total y absoluta separación
estructural entre Iglesia y Estado. Pero también puede interpretarse que
el antónimo de "lo laico" es "lo religioso", de forma que un Estado que
aspire a aquella denominación debería abstenerse radicalmente de
cualquier contemplación de este fenómeno (debería ser "ciego ante la
religión").

La reflexión sobre estas dificultades es especialmente oportuna en el
momento histórico que vivimos, tanto con carácter general como con
referencia concreta a la política española. En efecto, desde un punto de
vista global es ya un tópico constatar que asistimos a una auténtica
"vuelta de Dios" (G. KEPEL) en muchas áreas y países del mundo, que las
religiones se han convertido en actores de primera importancia en los
fenómenos geopolíticos. El mundo que está emergiendo después de la
guerra fría es uno policéntrico en que los diferenciales ideológicos han
retrocedido a favor de los sustratos culturales, y éstos arraigan
siempre en el terreno firmísimo de los fondos de reserva religiosos (E.
TRÍAS). Y desde una perspectiva más casera, es también patente que
asistimos en nuestro país (al igual que en otros del sur de Europa) a
una ofensiva de la Iglesia católica por recuperar su presencia en el
espacio público y por influir activamente en la orientación de
determinadas políticas concretas, singularmente las relacionadas con la
familia, la bioética o la educación. Sucede además que este intento
católico de recuperación de influencia se efectúa desde unos valores
acusadamente conservadores, en general opuestos a los defendidos por el
gobierno socialista español, con lo que se genera inevitablemente una
encendida controversia política. Controversia, todo hay que decirlo, que
es en muchos casos más efectista que sustantiva pues al socialismo le
resulta políticamente muy rentable una "guerra de valores" con la
Iglesia católica. El anticlericalismo es un sentimiento solidamente
implantado en la sociedad española cuya agitación rinde siempre frutos
seguros.

Ahora bien, con independencia, de los intereses políticos concretos que
se mueven en torno al tema, lo que es innegable es que asistimos a una
confusa y ardiente polémica que no ayuda desde luego a la reflexión
tranquila sobre la cuestión del papel de la religión en una democracia.
Ni de la religión como fenómeno social, ni de la organización eclesial
como grupo social, ni de las personas religiosas como ciudadanos
concretos, pues todo ello queda inmerso y entremezclado en una
controversia muy poco lúcida y reflexiva, que oscila entre dos
exageraciones. La que exhiben los clérigos al reivindicar las verdades
de la "recta razón" como límites infranqueables para el autodesarrollo
de los regímenes democráticos, a los que acusan además de estar
aquejados de un canceroso relativismo e indiferentismo ético. O la que
patentizan los portavoces del gobierno al insistir en que la iglesia no
puede adoptar posiciones políticas, y que cualquier manifestación de
ella en este campo es tanto como intentar imponer su verdad particular a
la sociedad entera.

Más allá de los motivos concretos de esta revivida kulturkampf a la
española, lo que pretendemos es sólo poner un poco de reflexión de
carácter general, es decir, intentar comprender mejor cómo y dónde se
sitúa la religión en una democracia actuante y ejerciente. No entramos
en las concretas acusaciones cruzadas entre la cúpula de la jerarquía
católica y el gobierno, sino que pretendemos abordar la cuestión desde
un punto de vista mucho más abstracto. Tampoco deseamos significar
nuestra opinión acerca del contenido concreto del mensaje que la iglesia
católica difunde hoy entre nosotros (acusadamente conservador, lo hemos
dicho), porque de lo que tratamos es de su derecho a difundir mensajes y
los límites de ese derecho, no de su contenido concreto. Juzgar de la
adecuación y prudencia de éste sería más bien cometido de los propios
católicos.
Responder Con Cita
Alt Today
Advertising
Google Adsense
 
This advertising will not be shown
in this way to registered members.
Register your free account today
and become a member on
Newsgrupos.com
Standard Sponsored Links

  #2 (permalink)  
Antiguo 18-05-2008, 00:22:33
Alb-aroth
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA

* jorfasan:
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
>
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


Ya.
No hace ni cuatro dias que en el aeropuerto de madrid anunciaron por
megafonía que la misa de 12 se podría celebrar en la capilla del
recinto. Pa matarlos.
Hasta que no esté de verdad la religión en el ámbito privado de cada
cual, hay que denunciar estos hechos.
Responder Con Cita
  #3 (permalink)  
Antiguo 18-05-2008, 00:22:33
Alb-aroth
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA

* jorfasan:
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
>
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


Ya.
No hace ni cuatro dias que en el aeropuerto de madrid anunciaron por
megafonía que la misa de 12 se podría celebrar en la capilla del
recinto. Pa matarlos.
Hasta que no esté de verdad la religión en el ámbito privado de cada
cual, hay que denunciar estos hechos.
Responder Con Cita
  #4 (permalink)  
Antiguo 18-05-2008, 00:22:33
Alb-aroth
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA

* jorfasan:
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
>
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


Ya.
No hace ni cuatro dias que en el aeropuerto de madrid anunciaron por
megafonía que la misa de 12 se podría celebrar en la capilla del
recinto. Pa matarlos.
Hasta que no esté de verdad la religión en el ámbito privado de cada
cual, hay que denunciar estos hechos.
Responder Con Cita
  #5 (permalink)  
Antiguo 19-05-2008, 11:37:16
MAR
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


"Alb-aroth" <jm_larumbeNONONO***yahoo.es> escribió en el mensaje
news:g0npbi$1tr$1***localhost.localdomain...
* jorfasan:
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


Ya.
No hace ni cuatro dias que en el aeropuerto de madrid anunciaron por
megafonía que la misa de 12 se podría celebrar en la capilla del
recinto. Pa matarlos.
Hasta que no esté de verdad la religión en el ámbito privado de cada
cual, hay que denunciar estos hechos.
---

Buenas Alba... no sé por qué hay que denunciar estos hechos, sinceramente.
Si el aeropuerto tiene este servicio no entiendo por qué no va a anunciarlo
por megafonía. Igual que tu lo denunciarías hay otras personas que lo
agradecerán. No exigen que se asista.
A veces hablamos de intolerancia y somos los peores intolerantes.

MAR


Responder Con Cita
  #6 (permalink)  
Antiguo 19-05-2008, 11:37:16
MAR
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


"Alb-aroth" <jm_larumbeNONONO***yahoo.es> escribió en el mensaje
news:g0npbi$1tr$1***localhost.localdomain...
* jorfasan:
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


Ya.
No hace ni cuatro dias que en el aeropuerto de madrid anunciaron por
megafonía que la misa de 12 se podría celebrar en la capilla del
recinto. Pa matarlos.
Hasta que no esté de verdad la religión en el ámbito privado de cada
cual, hay que denunciar estos hechos.
---

Buenas Alba... no sé por qué hay que denunciar estos hechos, sinceramente.
Si el aeropuerto tiene este servicio no entiendo por qué no va a anunciarlo
por megafonía. Igual que tu lo denunciarías hay otras personas que lo
agradecerán. No exigen que se asista.
A veces hablamos de intolerancia y somos los peores intolerantes.

MAR


Responder Con Cita
  #7 (permalink)  
Antiguo 19-05-2008, 11:37:16
MAR
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


"Alb-aroth" <jm_larumbeNONONO***yahoo.es> escribió en el mensaje
news:g0npbi$1tr$1***localhost.localdomain...
* jorfasan:
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA


Ya.
No hace ni cuatro dias que en el aeropuerto de madrid anunciaron por
megafonía que la misa de 12 se podría celebrar en la capilla del
recinto. Pa matarlos.
Hasta que no esté de verdad la religión en el ámbito privado de cada
cual, hay que denunciar estos hechos.
---

Buenas Alba... no sé por qué hay que denunciar estos hechos, sinceramente.
Si el aeropuerto tiene este servicio no entiendo por qué no va a anunciarlo
por megafonía. Igual que tu lo denunciarías hay otras personas que lo
agradecerán. No exigen que se asista.
A veces hablamos de intolerancia y somos los peores intolerantes.

MAR


Responder Con Cita
  #8 (permalink)  
Antiguo 19-05-2008, 11:48:16
MAR
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA

No he leído todo el artículo pero... ¿es democrático privatizar la religión?
¿es que cada uno no puede creer en lo que quiera?
Pues vaya democracia de mierda...
Yo soy cristiana, católica no siempre practicante, pero creo que,
democráticamente, a de dar lo mismo eso que si soy budista o mahometana.

MAR

"jorfasan" <no***no.es> escribió en el mensaje
news:1ih3zox.18h804q1iux6a8N%no***no.es...
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
>
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA
> J.M. Ruiz Soroa
>
>
> INTRODUCCIÓN.-
>
> La persistencia e importancia del fenómeno religioso en nuestras
> sociedades modernas es un dato que puede interpretarse desde los
> parámetros de la antropología, la sociología, el derecho o incluso la
> filosofía; aquí, sin embargo, no hablamos tanto del fenómeno religioso
> en sí mismo como del tratamiento que él merece y, sobre todo, el que
> merecen los ciudadanos a los cuales afecta en una sociedad que se
> organiza bajo los principios de la democracia constitucional. Nuestro
> punto de vista es muy limitado en sus pretensiones y, formulado en
> términos sencillos, lo que pretende es tan sólo aportar alguna respuesta
> a una pregunta puramente política: ¿dónde ubicamos a la religión en una
> democracia? O, lo que es lo mismo, ¿cómo deben manejar los ciudadanos
> religiosos -los "ciudadanos metafísicos" como dice HABERMAS- sus
> creencias y sentimientos de naturaleza trascendente cuando intervienen
> en la esfera pública? ¿Y cómo deben contemplarlos los ciudadanos no
> religiosos que inevitablemente dialogan con ellos?
>
> El canon liberal en esta cuestión ha sido el de que en las sociedades
> modernas la religión está confinada o reducida al ámbito privado. Es una
> respuesta con pretensiones tanto descriptivas como normativas. Pues por
> un lado pretende detectar una consecuencia fáctica del proceso de
> modernización, el de que la religión ha quedado reducida fundamentamente
> en las actuales sociedades occidentales a ser una experiencia personal.
> Y, por otro, busca establecer el principio de que en la esfera pública
> sólo comparecen e intervienen unos ciudadanos abstraídos de sus
> creencias trascendentales, despojados de cualquier particular creencia
> omniabarcante o cosmovisión religiosa. Es el modelo de la "vida pública
> vacía de religión".
>
> A pesar de su aceptación generalizada, un tanto acrítica, la
> privatización de la religión suscita serias dificultades en su
> aplicación concreta: en efecto, por un lado sucede que (sin desconocer
> el valor de la experiencia religiosa como hecho individual e íntimo de
> la persona) la religión es un fenómeno de naturaleza manifiesta y
> directamente social, dado que pretende dar sentido a la vida humana y,
> por ello, incorpora criterios de valor y normas con pretensiones de
> orientar la totalidad de su conducta. Es incongruente con su propia
> naturaleza y, sobre todo con su fuerza motivacional, pretender reducir
> la religión al ámbito personal o privado. Y es que, por otro lado,
> resulta difícil exigir a los ciudadanos religiosos que pongan entre
> paréntesis sus creencias de origen sacro cuando intervienen en política,
> precisamente porque esas creencias son las que inspiran y dotan de
> sentido a su pensamiento en muchas de las materias convivenciales que
> allí se resuelven. Esperar que los ciudadanos prescindan en el ámbito
> público de sus creencias más fuertes supone admitir algo así como que
> las personas podrían escindir y separar con toda naturalidad sus
> motivaciones de sus actuaciones, una hipótesis más bien improbable.
>
> La idea-guía de privatizar la religión, vista desde la perspectiva
> institucional del Estado democrático, se transforma en el principio de
> laicidad estatal, una exigencia que se interpreta como una condición
> estructural de "neutralidad" y "ceguera" del aparato estatal ante la
> religión. Y también aquí surgen los problemas de interpretación y
> aplicación. En primer lugar, porque tiende a confundirse fácilmente el
> sujeto del que se habla al mencionar la laicidad, aplicando por igual
> dicha exigencia al Estado, a la sociedad, o al ciudadano mismo. Pero no
> es lo mismo "un Estado laico" que "una sociedad laica"; pues si bien lo
> primero es un ideal normativo para todo régimen democrático, lo segundo
> es una auténtica aporía: la sociedad no es laica ni es religiosa, es
> plural. Y, por otro lado, el concepto mismo de "laicidad" es bastante
> confuso cuando intenta contextualizarse, como lo denota el hecho de que
> no es nada claro cuál es exactamente su antónimo, es decir, qué excluye
> exactamente la exigencia de "laicidad estatal". Porque puede entenderse
> que a lo que se opone es a lo "clerical", de forma que la laicidad no
> sería sino la expresión acabada de la total y absoluta separación
> estructural entre Iglesia y Estado. Pero también puede interpretarse que
> el antónimo de "lo laico" es "lo religioso", de forma que un Estado que
> aspire a aquella denominación debería abstenerse radicalmente de
> cualquier contemplación de este fenómeno (debería ser "ciego ante la
> religión").
>
> La reflexión sobre estas dificultades es especialmente oportuna en el
> momento histórico que vivimos, tanto con carácter general como con
> referencia concreta a la política española. En efecto, desde un punto de
> vista global es ya un tópico constatar que asistimos a una auténtica
> "vuelta de Dios" (G. KEPEL) en muchas áreas y países del mundo, que las
> religiones se han convertido en actores de primera importancia en los
> fenómenos geopolíticos. El mundo que está emergiendo después de la
> guerra fría es uno policéntrico en que los diferenciales ideológicos han
> retrocedido a favor de los sustratos culturales, y éstos arraigan
> siempre en el terreno firmísimo de los fondos de reserva religiosos (E.
> TRÍAS). Y desde una perspectiva más casera, es también patente que
> asistimos en nuestro país (al igual que en otros del sur de Europa) a
> una ofensiva de la Iglesia católica por recuperar su presencia en el
> espacio público y por influir activamente en la orientación de
> determinadas políticas concretas, singularmente las relacionadas con la
> familia, la bioética o la educación. Sucede además que este intento
> católico de recuperación de influencia se efectúa desde unos valores
> acusadamente conservadores, en general opuestos a los defendidos por el
> gobierno socialista español, con lo que se genera inevitablemente una
> encendida controversia política. Controversia, todo hay que decirlo, que
> es en muchos casos más efectista que sustantiva pues al socialismo le
> resulta políticamente muy rentable una "guerra de valores" con la
> Iglesia católica. El anticlericalismo es un sentimiento solidamente
> implantado en la sociedad española cuya agitación rinde siempre frutos
> seguros.
>
> Ahora bien, con independencia, de los intereses políticos concretos que
> se mueven en torno al tema, lo que es innegable es que asistimos a una
> confusa y ardiente polémica que no ayuda desde luego a la reflexión
> tranquila sobre la cuestión del papel de la religión en una democracia.
> Ni de la religión como fenómeno social, ni de la organización eclesial
> como grupo social, ni de las personas religiosas como ciudadanos
> concretos, pues todo ello queda inmerso y entremezclado en una
> controversia muy poco lúcida y reflexiva, que oscila entre dos
> exageraciones. La que exhiben los clérigos al reivindicar las verdades
> de la "recta razón" como límites infranqueables para el autodesarrollo
> de los regímenes democráticos, a los que acusan además de estar
> aquejados de un canceroso relativismo e indiferentismo ético. O la que
> patentizan los portavoces del gobierno al insistir en que la iglesia no
> puede adoptar posiciones políticas, y que cualquier manifestación de
> ella en este campo es tanto como intentar imponer su verdad particular a
> la sociedad entera.
>
> Más allá de los motivos concretos de esta revivida kulturkampf a la
> española, lo que pretendemos es sólo poner un poco de reflexión de
> carácter general, es decir, intentar comprender mejor cómo y dónde se
> sitúa la religión en una democracia actuante y ejerciente. No entramos
> en las concretas acusaciones cruzadas entre la cúpula de la jerarquía
> católica y el gobierno, sino que pretendemos abordar la cuestión desde
> un punto de vista mucho más abstracto. Tampoco deseamos significar
> nuestra opinión acerca del contenido concreto del mensaje que la iglesia
> católica difunde hoy entre nosotros (acusadamente conservador, lo hemos
> dicho), porque de lo que tratamos es de su derecho a difundir mensajes y
> los límites de ese derecho, no de su contenido concreto. Juzgar de la
> adecuación y prudencia de éste sería más bien cometido de los propios
> católicos.



Responder Con Cita
  #9 (permalink)  
Antiguo 19-05-2008, 11:48:16
MAR
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA

No he leído todo el artículo pero... ¿es democrático privatizar la religión?
¿es que cada uno no puede creer en lo que quiera?
Pues vaya democracia de mierda...
Yo soy cristiana, católica no siempre practicante, pero creo que,
democráticamente, a de dar lo mismo eso que si soy budista o mahometana.

MAR

"jorfasan" <no***no.es> escribió en el mensaje
news:1ih3zox.18h804q1iux6a8N%no***no.es...
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
>
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA
> J.M. Ruiz Soroa
>
>
> INTRODUCCIÓN.-
>
> La persistencia e importancia del fenómeno religioso en nuestras
> sociedades modernas es un dato que puede interpretarse desde los
> parámetros de la antropología, la sociología, el derecho o incluso la
> filosofía; aquí, sin embargo, no hablamos tanto del fenómeno religioso
> en sí mismo como del tratamiento que él merece y, sobre todo, el que
> merecen los ciudadanos a los cuales afecta en una sociedad que se
> organiza bajo los principios de la democracia constitucional. Nuestro
> punto de vista es muy limitado en sus pretensiones y, formulado en
> términos sencillos, lo que pretende es tan sólo aportar alguna respuesta
> a una pregunta puramente política: ¿dónde ubicamos a la religión en una
> democracia? O, lo que es lo mismo, ¿cómo deben manejar los ciudadanos
> religiosos -los "ciudadanos metafísicos" como dice HABERMAS- sus
> creencias y sentimientos de naturaleza trascendente cuando intervienen
> en la esfera pública? ¿Y cómo deben contemplarlos los ciudadanos no
> religiosos que inevitablemente dialogan con ellos?
>
> El canon liberal en esta cuestión ha sido el de que en las sociedades
> modernas la religión está confinada o reducida al ámbito privado. Es una
> respuesta con pretensiones tanto descriptivas como normativas. Pues por
> un lado pretende detectar una consecuencia fáctica del proceso de
> modernización, el de que la religión ha quedado reducida fundamentamente
> en las actuales sociedades occidentales a ser una experiencia personal.
> Y, por otro, busca establecer el principio de que en la esfera pública
> sólo comparecen e intervienen unos ciudadanos abstraídos de sus
> creencias trascendentales, despojados de cualquier particular creencia
> omniabarcante o cosmovisión religiosa. Es el modelo de la "vida pública
> vacía de religión".
>
> A pesar de su aceptación generalizada, un tanto acrítica, la
> privatización de la religión suscita serias dificultades en su
> aplicación concreta: en efecto, por un lado sucede que (sin desconocer
> el valor de la experiencia religiosa como hecho individual e íntimo de
> la persona) la religión es un fenómeno de naturaleza manifiesta y
> directamente social, dado que pretende dar sentido a la vida humana y,
> por ello, incorpora criterios de valor y normas con pretensiones de
> orientar la totalidad de su conducta. Es incongruente con su propia
> naturaleza y, sobre todo con su fuerza motivacional, pretender reducir
> la religión al ámbito personal o privado. Y es que, por otro lado,
> resulta difícil exigir a los ciudadanos religiosos que pongan entre
> paréntesis sus creencias de origen sacro cuando intervienen en política,
> precisamente porque esas creencias son las que inspiran y dotan de
> sentido a su pensamiento en muchas de las materias convivenciales que
> allí se resuelven. Esperar que los ciudadanos prescindan en el ámbito
> público de sus creencias más fuertes supone admitir algo así como que
> las personas podrían escindir y separar con toda naturalidad sus
> motivaciones de sus actuaciones, una hipótesis más bien improbable.
>
> La idea-guía de privatizar la religión, vista desde la perspectiva
> institucional del Estado democrático, se transforma en el principio de
> laicidad estatal, una exigencia que se interpreta como una condición
> estructural de "neutralidad" y "ceguera" del aparato estatal ante la
> religión. Y también aquí surgen los problemas de interpretación y
> aplicación. En primer lugar, porque tiende a confundirse fácilmente el
> sujeto del que se habla al mencionar la laicidad, aplicando por igual
> dicha exigencia al Estado, a la sociedad, o al ciudadano mismo. Pero no
> es lo mismo "un Estado laico" que "una sociedad laica"; pues si bien lo
> primero es un ideal normativo para todo régimen democrático, lo segundo
> es una auténtica aporía: la sociedad no es laica ni es religiosa, es
> plural. Y, por otro lado, el concepto mismo de "laicidad" es bastante
> confuso cuando intenta contextualizarse, como lo denota el hecho de que
> no es nada claro cuál es exactamente su antónimo, es decir, qué excluye
> exactamente la exigencia de "laicidad estatal". Porque puede entenderse
> que a lo que se opone es a lo "clerical", de forma que la laicidad no
> sería sino la expresión acabada de la total y absoluta separación
> estructural entre Iglesia y Estado. Pero también puede interpretarse que
> el antónimo de "lo laico" es "lo religioso", de forma que un Estado que
> aspire a aquella denominación debería abstenerse radicalmente de
> cualquier contemplación de este fenómeno (debería ser "ciego ante la
> religión").
>
> La reflexión sobre estas dificultades es especialmente oportuna en el
> momento histórico que vivimos, tanto con carácter general como con
> referencia concreta a la política española. En efecto, desde un punto de
> vista global es ya un tópico constatar que asistimos a una auténtica
> "vuelta de Dios" (G. KEPEL) en muchas áreas y países del mundo, que las
> religiones se han convertido en actores de primera importancia en los
> fenómenos geopolíticos. El mundo que está emergiendo después de la
> guerra fría es uno policéntrico en que los diferenciales ideológicos han
> retrocedido a favor de los sustratos culturales, y éstos arraigan
> siempre en el terreno firmísimo de los fondos de reserva religiosos (E.
> TRÍAS). Y desde una perspectiva más casera, es también patente que
> asistimos en nuestro país (al igual que en otros del sur de Europa) a
> una ofensiva de la Iglesia católica por recuperar su presencia en el
> espacio público y por influir activamente en la orientación de
> determinadas políticas concretas, singularmente las relacionadas con la
> familia, la bioética o la educación. Sucede además que este intento
> católico de recuperación de influencia se efectúa desde unos valores
> acusadamente conservadores, en general opuestos a los defendidos por el
> gobierno socialista español, con lo que se genera inevitablemente una
> encendida controversia política. Controversia, todo hay que decirlo, que
> es en muchos casos más efectista que sustantiva pues al socialismo le
> resulta políticamente muy rentable una "guerra de valores" con la
> Iglesia católica. El anticlericalismo es un sentimiento solidamente
> implantado en la sociedad española cuya agitación rinde siempre frutos
> seguros.
>
> Ahora bien, con independencia, de los intereses políticos concretos que
> se mueven en torno al tema, lo que es innegable es que asistimos a una
> confusa y ardiente polémica que no ayuda desde luego a la reflexión
> tranquila sobre la cuestión del papel de la religión en una democracia.
> Ni de la religión como fenómeno social, ni de la organización eclesial
> como grupo social, ni de las personas religiosas como ciudadanos
> concretos, pues todo ello queda inmerso y entremezclado en una
> controversia muy poco lúcida y reflexiva, que oscila entre dos
> exageraciones. La que exhiben los clérigos al reivindicar las verdades
> de la "recta razón" como límites infranqueables para el autodesarrollo
> de los regímenes democráticos, a los que acusan además de estar
> aquejados de un canceroso relativismo e indiferentismo ético. O la que
> patentizan los portavoces del gobierno al insistir en que la iglesia no
> puede adoptar posiciones políticas, y que cualquier manifestación de
> ella en este campo es tanto como intentar imponer su verdad particular a
> la sociedad entera.
>
> Más allá de los motivos concretos de esta revivida kulturkampf a la
> española, lo que pretendemos es sólo poner un poco de reflexión de
> carácter general, es decir, intentar comprender mejor cómo y dónde se
> sitúa la religión en una democracia actuante y ejerciente. No entramos
> en las concretas acusaciones cruzadas entre la cúpula de la jerarquía
> católica y el gobierno, sino que pretendemos abordar la cuestión desde
> un punto de vista mucho más abstracto. Tampoco deseamos significar
> nuestra opinión acerca del contenido concreto del mensaje que la iglesia
> católica difunde hoy entre nosotros (acusadamente conservador, lo hemos
> dicho), porque de lo que tratamos es de su derecho a difundir mensajes y
> los límites de ese derecho, no de su contenido concreto. Juzgar de la
> adecuación y prudencia de éste sería más bien cometido de los propios
> católicos.



Responder Con Cita
  #10 (permalink)  
Antiguo 19-05-2008, 11:48:16
MAR
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: RELIGIÓN EN DEMOCRACIA

No he leído todo el artículo pero... ¿es democrático privatizar la religión?
¿es que cada uno no puede creer en lo que quiera?
Pues vaya democracia de mierda...
Yo soy cristiana, católica no siempre practicante, pero creo que,
democráticamente, a de dar lo mismo eso que si soy budista o mahometana.

MAR

"jorfasan" <no***no.es> escribió en el mensaje
news:1ih3zox.18h804q1iux6a8N%no***no.es...
> Os pego un txt que me remitieron la semana pasada, mejor dicho, su
> introducción.
>
> http://myfreefilehosting.com/f/61b70d68b9_0.03MB
>
>
> RELIGIÓN EN DEMOCRACIA
> J.M. Ruiz Soroa
>
>
> INTRODUCCIÓN.-
>
> La persistencia e importancia del fenómeno religioso en nuestras
> sociedades modernas es un dato que puede interpretarse desde los
> parámetros de la antropología, la sociología, el derecho o incluso la
> filosofía; aquí, sin embargo, no hablamos tanto del fenómeno religioso
> en sí mismo como del tratamiento que él merece y, sobre todo, el que
> merecen los ciudadanos a los cuales afecta en una sociedad que se
> organiza bajo los principios de la democracia constitucional. Nuestro
> punto de vista es muy limitado en sus pretensiones y, formulado en
> términos sencillos, lo que pretende es tan sólo aportar alguna respuesta
> a una pregunta puramente política: ¿dónde ubicamos a la religión en una
> democracia? O, lo que es lo mismo, ¿cómo deben manejar los ciudadanos
> religiosos -los "ciudadanos metafísicos" como dice HABERMAS- sus
> creencias y sentimientos de naturaleza trascendente cuando intervienen
> en la esfera pública? ¿Y cómo deben contemplarlos los ciudadanos no
> religiosos que inevitablemente dialogan con ellos?
>
> El canon liberal en esta cuestión ha sido el de que en las sociedades
> modernas la religión está confinada o reducida al ámbito privado. Es una
> respuesta con pretensiones tanto descriptivas como normativas. Pues por
> un lado pretende detectar una consecuencia fáctica del proceso de
> modernización, el de que la religión ha quedado reducida fundamentamente
> en las actuales sociedades occidentales a ser una experiencia personal.
> Y, por otro, busca establecer el principio de que en la esfera pública
> sólo comparecen e intervienen unos ciudadanos abstraídos de sus
> creencias trascendentales, despojados de cualquier particular creencia
> omniabarcante o cosmovisión religiosa. Es el modelo de la "vida pública
> vacía de religión".
>
> A pesar de su aceptación generalizada, un tanto acrítica, la
> privatización de la religión suscita serias dificultades en su
> aplicación concreta: en efecto, por un lado sucede que (sin desconocer
> el valor de la experiencia religiosa como hecho individual e íntimo de
> la persona) la religión es un fenómeno de naturaleza manifiesta y
> directamente social, dado que pretende dar sentido a la vida humana y,
> por ello, incorpora criterios de valor y normas con pretensiones de
> orientar la totalidad de su conducta. Es incongruente con su propia
> naturaleza y, sobre todo con su fuerza motivacional, pretender reducir
> la religión al ámbito personal o privado. Y es que, por otro lado,
> resulta difícil exigir a los ciudadanos religiosos que pongan entre
> paréntesis sus creencias de origen sacro cuando intervienen en política,
> precisamente porque esas creencias son las que inspiran y dotan de
> sentido a su pensamiento en muchas de las materias convivenciales que
> allí se resuelven. Esperar que los ciudadanos prescindan en el ámbito
> público de sus creencias más fuertes supone admitir algo así como que
> las personas podrían escindir y separar con toda naturalidad sus
> motivaciones de sus actuaciones, una hipótesis más bien improbable.
>
> La idea-guía de privatizar la religión, vista desde la perspectiva
> institucional del Estado democrático, se transforma en el principio de
> laicidad estatal, una exigencia que se interpreta como una condición
> estructural de "neutralidad" y "ceguera" del aparato estatal ante la
> religión. Y también aquí surgen los problemas de interpretación y
> aplicación. En primer lugar, porque tiende a confundirse fácilmente el
> sujeto del que se habla al mencionar la laicidad, aplicando por igual
> dicha exigencia al Estado, a la sociedad, o al ciudadano mismo. Pero no
> es lo mismo "un Estado laico" que "una sociedad laica"; pues si bien lo
> primero es un ideal normativo para todo régimen democrático, lo segundo
> es una auténtica aporía: la sociedad no es laica ni es religiosa, es
> plural. Y, por otro lado, el concepto mismo de "laicidad" es bastante
> confuso cuando intenta contextualizarse, como lo denota el hecho de que
> no es nada claro cuál es exactamente su antónimo, es decir, qué excluye
> exactamente la exigencia de "laicidad estatal". Porque puede entenderse
> que a lo que se opone es a lo "clerical", de forma que la laicidad no
> sería sino la expresión acabada de la total y absoluta separación
> estructural entre Iglesia y Estado. Pero también puede interpretarse que
> el antónimo de "lo laico" es "lo religioso", de forma que un Estado que
> aspire a aquella denominación debería abstenerse radicalmente de
> cualquier contemplación de este fenómeno (debería ser "ciego ante la
> religión").
>
> La reflexión sobre estas dificultades es especialmente oportuna en el
> momento histórico que vivimos, tanto con carácter general como con
> referencia concreta a la política española. En efecto, desde un punto de
> vista global es ya un tópico constatar que asistimos a una auténtica
> "vuelta de Dios" (G. KEPEL) en muchas áreas y países del mundo, que las
> religiones se han convertido en actores de primera importancia en los
> fenómenos geopolíticos. El mundo que está emergiendo después de la
> guerra fría es uno policéntrico en que los diferenciales ideológicos han
> retrocedido a favor de los sustratos culturales, y éstos arraigan
> siempre en el terreno firmísimo de los fondos de reserva religiosos (E.
> TRÍAS). Y desde una perspectiva más casera, es también patente que
> asistimos en nuestro país (al igual que en otros del sur de Europa) a
> una ofensiva de la Iglesia católica por recuperar su presencia en el
> espacio público y por influir activamente en la orientación de
> determinadas políticas concretas, singularmente las relacionadas con la
> familia, la bioética o la educación. Sucede además que este intento
> católico de recuperación de influencia se efectúa desde unos valores
> acusadamente conservadores, en general opuestos a los defendidos por el
> gobierno socialista español, con lo que se genera inevitablemente una
> encendida controversia política. Controversia, todo hay que decirlo, que
> es en muchos casos más efectista que sustantiva pues al socialismo le
> resulta políticamente muy rentable una "guerra de valores" con la
> Iglesia católica. El anticlericalismo es un sentimiento solidamente
> implantado en la sociedad española cuya agitación rinde siempre frutos
> seguros.
>
> Ahora bien, con independencia, de los intereses políticos concretos que
> se mueven en torno al tema, lo que es innegable es que asistimos a una
> confusa y ardiente polémica que no ayuda desde luego a la reflexión
> tranquila sobre la cuestión del papel de la religión en una democracia.
> Ni de la religión como fenómeno social, ni de la organización eclesial
> como grupo social, ni de las personas religiosas como ciudadanos
> concretos, pues todo ello queda inmerso y entremezclado en una
> controversia muy poco lúcida y reflexiva, que oscila entre dos
> exageraciones. La que exhiben los clérigos al reivindicar las verdades
> de la "recta razón" como límites infranqueables para el autodesarrollo
> de los regímenes democráticos, a los que acusan además de estar
> aquejados de un canceroso relativismo e indiferentismo ético. O la que
> patentizan los portavoces del gobierno al insistir en que la iglesia no
> puede adoptar posiciones políticas, y que cualquier manifestación de
> ella en este campo es tanto como intentar imponer su verdad particular a
> la sociedad entera.
>
> Más allá de los motivos concretos de esta revivida kulturkampf a la
> española, lo que pretendemos es sólo poner un poco de reflexión de
> carácter general, es decir, intentar comprender mejor cómo y dónde se
> sitúa la religión en una democracia actuante y ejerciente. No entramos
> en las concretas acusaciones cruzadas entre la cúpula de la jerarquía
> católica y el gobierno, sino que pretendemos abordar la cuestión desde
> un punto de vista mucho más abstracto. Tampoco deseamos significar
> nuestra opinión acerca del contenido concreto del mensaje que la iglesia
> católica difunde hoy entre nosotros (acusadamente conservador, lo hemos
> dicho), porque de lo que tratamos es de su derecho a difundir mensajes y
> los límites de ese derecho, no de su contenido concreto. Juzgar de la
> adecuación y prudencia de éste sería más bien cometido de los propios
> católicos.



Responder Con Cita
 
Respuesta


Herramientas
Desplegado

Normas de Publicación
no Puedes crear nuevos temas
no Puedes responder a temas
no Puedes adjuntar archivos
no Puedes editar tus mensajes

El código vB está habilitado
Las caritas están habilitado
Código [IMG] está habilitado
Código HTML está deshabilitado
Trackbacks are habilitado
Pingbacks are habilitado
Refbacks are habilitado


Temas Similares
Tema Autor Foro Respuestas Último mensaje
Qué bonita es la democracia Morpheo Newsgroup es.charla.politica.misc 0 01-09-2008 18:52:31
¿Religión y democracia? Jose Puentes Newsgroup es.humanidades.literatura 488 19-05-2008 10:04:05
MATERIALISTAS : RELIGION FALSA Y RELIGION VERDADERA Aon Newsgroup es.charla.religion 0 29-02-2008 13:39:15
Democracia Orgánica. gsmiga Newsgroup es.charla.politica.misc 1 27-02-2008 22:55:36
O campeão da democracia Dragonix Newsgroup es.rec.motor.4x4 6 26-04-2004 00:41:13





Powered by: vBulletin, Versión 3.6.8
Derechos de Autor ©2000 - 2008, Jelsoft Enterprises Ltd.

LinkBacks Enabled by vBSEO 3.1.0 © 2007, Crawlability, Inc.