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| Sábado, 12 de julio, año 2008 de Nuestro Salvador Jesucristo, Guayaquil, Ecuador – Iberoamérica (Felices Fiestas Julianas de Guayaquil 2008 a todas nuestras familias dentro y fuera de nuestras tierras. Muchas felicidades a todos y que se gocen en estos días festivos con el Señor Jesucristo y con las bendiciones abundantes de su Espíritu Santo, delante de nuestro Padre Celestial y de sus ángeles fieles. También deseo felicitar a la Liga Deportiva de Quito (LDQ) por haber traído la Copa Santander de Libertadores a Quito y después a Guayaquil, para felicidad de muchos de nuestro mundo futbolístico en todo el ecuador y América; pues ahora son campeones del fútbol iberoamericano. Por ello, les damos las merecidas gracias al SEÑOR, por tan gran victoria y bendición el cual, ciertamente, toca a cada uno de nuestros corazones de una manera u otra. Que las victorias de LDQ no se paren con ésta victoria en el Maracaná de Brasil, sino que también siga hacia otros lugares de nuestro mundo futbolístico, ya sea en Asia, como en Japón, por ejemplo, en Europa y en muchos lugares más. Y muchas felicidades a toda España por tener una gran selección de fútbol, la cual nos impartió muchas alegrías también con cada uno de sus buenos juegos inolvidables. Y por jugar buen fútbol español, ahora son los reyes del fútbol europeo por mucho tiempo más; muchas felicidades a cada uno de ellos y a sus familias también, por ese buen fútbol que escribieron desde Europa en nuestros corazones en cada uno de todos nosotros. Ciertamente que el fútbol estuvo muy bueno en Europa y en nuestra América, que yo no me perdí ningún juego; es más, volví a ver cada juego una y otra vez en la televisión, sin cansarme nunca. Gracias al Señor por todos ustedes una vez más, y que siga siempre adelante nuestro buen fútbol hispano-iberoamericano con la ayuda y sus ricas bendiciones del cielo, en el nombre de nuestro Salvador Jesucristo.) (Cartas del cielo son escritas por Iván Valarezo) LA GLORIA DE DIOS NOS DA UN CORAZÓN NUEVO, PARA EL CIELO: Por cuanto, el corazón de Adán que está instalado en nuestros pechos no es, bajo ninguna circunstancia, para vivir la vida santa del cielo, agradable, justa, perfecta, prospera, ni menos para exaltar y honrar el Espíritu de Los Diez Mandamientos eternos del paraíso delante de nuestro Padre Celestial y de sus huestes angelicales. Desesperadamente, desde el paraíso Adán y Eva comenzaron a necesitar un corazón nuevo en sus pechos, para pasárselos a sus retoños; y sólo podían, ellos y sus hijos, recibir este nuevo corazón para el cielo, «clavados con sangre santísima de manos y pies a las manos y pies del gran rey Mesías y sobre el monte santo de Jerusalén, en Israel». De otra manera, no hay salvación posible para nadie, para siempre. Ciertamente, nuestro Padre Celestial nos dará un corazón nuevo y pondrá un espíritu nuevo también dentro de cada uno de nuestros pechos, si tan sólo creemos en su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, y así confesamos su nombre muy santo con nuestros labios, para perdón de pecados y para bendición y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y éste corazón, de carne y no de piedra, es el que ama a su Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo, «tal como él mismo siempre le ha amado desde mucho antes de los primeros días de la antigüedad y por siempre en la eternidad venidera de su nuevo reino sempiterno también». Pues esta es la promesa de vida y de salud eterna, la cual nuestro Padre Celestial le hizo a nuestro padre Abraham y a cada uno de sus descendientes, en sus millares, como la arena del mar, para que ya no vivan más para sus vidas pecadoras, «sino para que vivan la vida del Árbol de la vida», ¡nuestro Señor Jesucristo! Dado que, sólo el Espíritu del Árbol de la vida «es la única verdadera vida reconocida por nuestro Padre Celestial», la cual complace grandemente su corazón y su alma santísima y a su Espíritu Santo también, en cada precepto y detalle inviolable del Espíritu de sus sagradas Escrituras y de sus Ley viviente, por ejemplo. Por ello, nuestro Padre Celestial quitara de nuestro pecho de carne el corazón de piedra y de tinieblas eternas, «para darnos un corazón del mismo espíritu de luz y de la carne obediente al Espíritu de Los Diez Mandamientos de su Hijo amado», ¡nuestro Salvador Jesucristo! Efectivamente, éste es el Espíritu de Dios y de su Jesucristo, «lleno de los poderes sobrenaturales de su Espíritu Santo para perfeccionar» no sólo los corazones y las vidas de los ángeles del cielo, sino también los corazones y las vidas de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, hoy en día y por siempre en la eternidad. Por lo tanto, ésta vida de nuestro Señor Jesucristo, el único Árbolde vida infinita de nuestros corazones, de nuestras almas y de nuestros cuerpos vivientes, «está llena de milagros, maravilla, prodigios y de sanidades sobrenaturales e increíbles para alabar y honrar por siempre y para siempre a nuestro Padre Celestial que está en los cielos». Visto que, sólo el Espíritu de vida y de salud infinita del gran rey Mesías siempre ha cumplido y ha exaltado el Espíritu de Los Diez Mandamientos divinos, por ejemplo, en el paraíso y en toda la tierra también, eternamente y para siempre; es por eso que «necesitamos a Jesucristo en nuestras vidas a todas horas de nuestras vidas». Y el que piensa en su corazón de piedra que no necesita el Espíritu del Señor Jesucristo en su vida, para que su sangre santificada lo limpie y lo santifique a cada hora del día delante del Padre Celestial y de su Espíritu Santo, entonces «está equivocado mortalmente como Adán, para mal de su vida y la de muchos inevitablemente». En verdad, el que no camina con el Señor Jesucristo en su corazón, entonces «está caminando el mismo camino del corazón de piedra de siempre», el cual lleva día y noche a la muerte eterna de Satanás y de cada ángel caído del más allá, para que no viva más sino que muera infinitamente en sus tinieblas eternas del infierno. Es por eso que debemos tener el Espíritu del Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones ya, para que sea por siempre «nuestro único Cordero Escogido de perdón eterno, nuestro sumo sacerdote y salvador celestial de nuestras almas vivientes», delante del Padre Celestial y de su Espíritu Santo, en el paraíso, en la tierra y en La Nueva Jerusalén Colosal del cielo. Visto que, si seguimos viviendo con el corazón de carne y de tinieblas de Adán, entonces vamos de seguro a morir no solo en la tierra sino también en el infierno y en el lago de fuego y sobresaturados en nuestras mismas tinieblas de siempre, «para jamás conocer el Espíritu de la felicidad de nuestro Padre Celestial en la eternidad». Además, nuestro Padre Santo no nos crea en su Espíritu Santo para vivir tristes en el espíritu de error y de maldiciones terribles de Adán y Eva, sino para que vivamos ya en el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo: «porque sólo él es el Árbol de la vida para bendecir nuestras vidas día a día e infinitamente en el paraíso». Es más, nuestro Padre Celestial nos está diciendo desde siempre, que únicamente el Espíritu de su Hijo amado es nuestra verdadera vida, llena de gozo, felicidad y de bendiciones sin fin en la tierra y en La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo, «para alejarnos infinitamente de Satanás y vivir juntos a él y a su Espíritu Santo para siempre». Es decir, también que si no regresamos al Árbol de la vida, hoy mismo, «entonces seguiremos por el camino de la mentira», el cual Adán y Eva emprendieron no en la tierra sino en el paraíso: al no obedecer a nuestro Padre Celestial, para que comieran de su fruto de vida eterna, para emprender el camino de la nueva vida infinita. Aquí, nuestro Padre Celestial añora en su corazón santísimo a toda hora, de que «ya no demos un solo paso más en nuestras vidas, sin el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo en nuestros corazones», para que nuestros corazones dejen de ser corazones de piedra, sino que sean corazones de carne santa de su Hijo, ¡el único Salvador posible de nuestras almas inmortales! Entonces seamos obedientes delante de nuestro Padre Celestial, y no desobedientes delante de él como Adán y Eva lo fueron en sus días, por ejemplo, (y así muchos de sus hijos e hijas en el mundo también), «para que volvamos a nacer, en un momento de fe y de oración, con un corazón nuevo y de carne y no de piedra». Desdichadamente, si seguimos viviendo la vida pecadora de Adán y Eva, la cual comenzó en el paraíso, entonces evidentemente moriremos en nuestras mismas tinieblas, como en las cuales siempre nos han cegado nuestros corazones y nuestros ojos desde el vientre de nuestras madres y hasta nuestras días, «para no ver a Jesucristo como el Hijo de Dios jamás», por ejemplo. Y si es así, con cada uno de nosotros, en todas las naciones de la tierra, pues entonces «no conoceremos jamás la primera luz del cielo», la cual nuestros corazones y almas infinitas siempre conocieron en el paraíso mucho antes del comienzo del pecado en nuestras vidas, por el error de Adán y Eva al comer del fruto prohibido. Y, por tanto, «sólo conoceremos las tinieblas de las maldiciones siempre», como Adán y Eva las conocieron primeramente en el paraíso por haberse acercado al árbol de la ciencia del bien y del mal, y así alejando sus corazones del Árbol de la vida, para mal eterno de muchos desdichados, desafortunadamente, perdidos infinitamente en el poder de la mentira del malvado. Y esto ha de ser así con cada uno de nosotros, de la misma manera que fue con Adán y Eva, por ejemplo, en el día de su partida del paraíso o de sus muertes biológicas en la tierra, «para jamás volver a tener la oportunidad de ver a Dios y a su Jesucristo en la luz del Espíritu Santo». Y esta es una maldición terrible, hoy en día, la cual muy fácilmente podemos evitar o borrar en nuestras vidas pecadoras, con tan sólo invocar el nombre sagrado del Árbol de la vida eterna del paraíso, ¡nuestro Salvador Jesucristo! En la medida en que, donde está Satanás, entonces nuestro Dios lucha día y noche en contra de él y de su espíritu de error, por medio de los poderes sobrenaturales de su Hijo amado y de su Espíritu Santo también, «para liberar aquella alma perdida en las mentiras de Satanás y de la serpiente antigua del Edén eterno, por ejemplo». Y así ese hombre, mujer, niño o niña de la tierra, como tú y yo, hoy en día, por ejemplo, mi estimado hermano y mi hermana, ya no siga viviendo más para las maldiciones del más allá, como del mundo de los muertos, «sino sólo viva para las bendiciones santas y eternas de nuestro Dios y de nuestro Señor Jesucristo». Adicionalmente, nuestro Padre Celestial no sólo tuvo misericordia para con Adán y Eva sino también para con cada uno de nosotros, y nos dio desde el paraíso la esperanza de muy pronto volver a ver el Árbol de la vida en nuestras vidas, «pero con un corazón de carne y no de piedra (como el de Adán o Eva, por ejemplo)». Y esta vez será, sin duda alguna, libres infinitamente de Satanás y de los poderes terribles del pecado destructor en sus corazones de piedra, sino, en sus pechos, «llenos de nueva vida y de salud sin fin en un corazón totalmente nuevo y de carne, como de la misma carne de su Hijo amado», ¡nuestro Salvador Jesucristo! Además, esta vez seria, aunque nadie lo crea así en su corazón de piedra, clavado de sus manos y de sus pies del Hijo de Dios y sobre la cima del monte santo de Jerusalén, en Israel, «para jamás volver a separar de él, de su Dios y Hacedor de su nueva vida infinita en la tierra y en el cielo». Puesto que, esta es la única manera por la cual no sólo Adán y Eva no volverán a separarse de su Dios y Creador de sus vidas, sino que también cada uno de sus hijos e hijas en toda la creación celestial, eternamente y para siempre, pues comerán y beberá, por inicio, de su Árbol de la vida, ¡nuestro rey Mesías! Incluso, ésta luz sobrenatural es la misma luz del Espíritu Santo de Dios, «el cual siempre ha sido mucho más brillante que el sol en los corazones» de los ángeles del cielo y así también en nuestros corazones humanos, de cada uno de nosotros, en nuestros millares, de todas las razas, familias, pueblos, linajes, ciudades y reinos de la tierra. Y de esta luz divina, nuestro Señor Jesucristo declara abiertamente a sus apóstoles, diciéndoles: «Yo soy la luz del mundo, el que camina en mí no tropezara jamás, sino que caminara seguro por su camino de vida por toda la tierra y hasta aun más allá de su nueva vida infinita del nuevo reino de Dios, en los cielos». Equivalentemente, para los que creen en su nombre salvador (de nuestro Señor Jesucristo), entonces él mismo los declara abiertamente, asegurándoles, de que ellos «son la luz del mundo entero», (y esto no es solamente de los creyentes de la antigüedad, sino también de todos nosotros, los nuevos creyentes, hoy en día y para siempre en la nueva eternidad venidera). Ahora, por ésta palabra tú, mismo mi estimado hermano y hermana, eres la luz divina de nuestro Padre Celestial, de su Espíritu Santo y del Árbol de la vida, nuestro Señor Jesucristo, «para alumbrar mucho más fuerte que sol sobre cada una de las tinieblas mentirosas y malvadas de Satanás y de sus ángeles caídos en toda la tierra». Porque cada mentira de Satanás es una tiniebla más en el corazón del hombre y de la mujer, para maldición, enfermedad y destrucción de su vida en la tierra y en el fuego eterno del infierno, indiscutiblemente. Por ello, ésta es la única luz divina que puede resplandecer más fuerte que cualquier otra luz del cielo y cubrir todas las tinieblas de Satanás para no hacer más daño, «asimismo como el Espíritu de la sangre sacrificada e expiatoria de nuestro Señor Jesucristo cubre nuestros pecados, para que no vuelvan a ser vistos por nuestro Padre Celestial jamás». Porque toda maldición o mal en general, que viene a la vida del hombre y de la mujer, «es simplemente por culpa de nuestros pecados del pasado o de siempre que habitan en nuestros corazones de piedra», como el corazón de Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, para mal de sus vidas y de los demás. Pero si estos mismos pecados son cubiertos por el Espíritu de la sangre sacrificada de nuestro rey Mesías de todos los tiempos, como en la antigüedad sobre los altares altos del SEÑOR en Israel, pues entonces los males ya no vienen a nuestras vidas, sino «que pasan de largo para caer en donde no está la sangre expiatoria del Cordero de Dios». Sin duda alguna, los males ya no vienen a nuestras vidas más «porque ya no hay pecados», sino que sólo estará la limpieza pura y santa, la cual la sangre santísima de Jesucristo nos la puede dar a nuestras vidas y almas infinitas delante de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, por ejemplo, hoy en día y para siempre. Además, la sangre santificadora de nuestro Señor Jesucristo es tan viva y llena de tu misma vida infinita, mi estimado hermano y hermana, quienquiera que sea en toda la tierra, para perdonar tus pecados, lavarte de todo mal del enemigo de tu vida, y así «devolverte ése corazón de carne, lleno de amor, paz, gozo, felicidad de nuestro Padre Celestial». Y con esto nuestro Padre Celestial te está manifestando claramente, que él mismo ha tenido un corazón de carne y no de piedra para instalarlo en tu pecho, «el cual solamente se encuentra en el mismo pecho de Jesucristo, latiendo vida y sangre expiatoria para limpiarte de los males del pasado y darte una vida llena de bendiciones sin fin». Ciertamente, esto es poder para gloria y para santidad infinita del corazón santísimo de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo en la vida de cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera, «gracias a la obra suprema de nuestro Señor Jesucristo sobre la cima del monte santo de Jerusalén, en Israel, para fin del pecado original». Por ello, sólo el Espíritu Santo nos puede alumbrar en nuestras tinieblas de siempre en nuestros corazones, «para poder entonces ver al Señor Jesucristo en el espíritu y en la verdad infinita de la palabra de perdón, de bendición, de vida y de prosperidad eterna» en la tierra y así también en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial. Realmente, sin el Espíritu del Señor Jesucristo en nuestras vidas, entonces somos como sin ojos para ver delante de nosotros las trampas que el enemigo siempre pone para hacernos caer en alguno de ellas «y así poco a poco quitarnos la vida y las bendiciones que nuestro Padre Celestial nos ha confiado, para gloria de su nombre muy santo». Es decir, también, que todo aquel que camina por toda la tierra sin el Espíritu del Señor Jesucristo, entonces «está caminando en profunda ceguera espiritual de su corazón de piedra, para no ver nunca nada de nada delante de él y de los suyos, por ejemplo, en la tierra y así también en la eternidad». Y nuestro Dios no nos creo ciegos a ninguno de nosotros jamás, sino videntes, para verlo a él, a su Espíritu Santo y en la mayoría de los casos a su Hijo amado primeramente, ¡el único Árbol de la vida eterna del paraíso, de la tierra y de La Nueva Jerusalén Celestial del más allá! Ahora, si esta misma persona recibe el nombre del Señor Jesucristo en su corazón perdido, entonces puede ver muy bien todo y hasta lo que no pueda ver normalmente también, puesto que «nuestro Padre se lo revelara a él o a ella por el poder sobrenatural de su Espíritu Santo, (el cual desciende a nosotros desde el comienzo del mundo entero). Es por eso que es muy bueno cambiar del corazón de piedra de Adán y Eva, por el corazón lleno de luz del cielo, «el cual nuestro Padre Celestial intento entregárselo no sólo a Adán en su día en el paraíso, sino también a cada uno de sus hijos e hijas en toda la tierra», (como tú y yo, hoy mismo, por ejemplo, mi estimado hermano y hermana). Para que ya no seamos ciegos en nuestros corazones de piedra y en nuestras vidas tocadas constantemente por los poderes de las profundas tinieblas de Satanás y de sus ángeles caídos, sino que «seamos videntes de todo lo bueno que nuestro Padre Celestial nos da por medio de su Hijo amado, su Árbol de la vida», ¡nuestro Señor Jesucristo! Además, sin la luz del Espíritu Santo no sólo nadie no podrá jamás leer el Espíritu de Los Diez Mandamientos, sino que también jamás podrá ver a su gran rey Mesías, «para alcanzar por fin a ver al Padre Santo que está en los cielos, esperando por cada uno de nosotros regrese a él», ¡a su casa grande de lujo del cielo! Visto que en el cielo, con nuestro Padre Celestial y con su Espíritu Santo, cada uno de nosotros tiene una mansión, una casa de gran lujo infinito, en donde habitar eternamente y, además, seremos siempre felices y en perfecta comunión con nuestro Hacedor, «porque ahora nuestros corazones ya no serán de piedra, sino de la carne y la sangre bendita de Jesucristo». Es más, nadie podrá verdaderamente vivir su vida terrenal o celestial «si no tiene primeramente un corazón y de carne santa e inmolada como la del Señor Jesucristo», para ver siempre las cosas bien en todo lo largo y lo ancho del reino de los cielos y de sus millares de huestes angelicales, por ejemplo. Fue por esta razón que Adán y Eva tuvieron que salir del paraíso inmediatamente, «porque sus corazones se volvieron piedra», como los corazones de piedra inquebrantable y hasta en muchos cosos inhumanos: «ya que no han gustado jamás el bien eterno del fruto del Árbol de la vida del paraíso», ¡nuestro Señor Jesucristo! Y el Espíritu Santo viene a nosotros día y noche y sin cesar, para entregarnos ése corazón tan santo e importante en nuestros pechos, «para poder comenzar a ver a nuestro Dios y a cada una de sus muchas cosas espirituales, de las cuales nos hablan de él y nos acercan cada vez más al paraíso con gran amor fraternal». Por cuanto, nuestro Padre Celestial no sólo es nuestro Dios, sino que también es nuestro Padre Santo, como nuestro progenitor original; porque hemos salido de él cada uno de nosotros de todas las familias de las naciones, «como de su corazón, de sus manos y de su imagen y conforme a su semejanza celestial, para vivir su vida santa y pura infinitamente». Es por eso «que nuestro Dios comenzó a enviar del Espíritu de sus ordenanzas santas sobre toda la tierra», desde los primeros días de la creación del cielo y de la tierra, para que el hombre pueda, en un día como hoy, por ejemplo, recibir el entendimiento de cada uno de sus mandamientos de paz, gozo, felicidad, salud y vida eterna. Y éste es el verdadero Espíritu de la Ley divina ha favor de cada uno de nosotros infinitamente, gracias al Espíritu de la sangre compensadora de nuestro Salvador Jesucristo, para cubrir nuestros pecados y hacernos instantáneamente hijos e hijas de Dios, en un momento de fe y de oración en la tierra y para la nueva eternidad venidera también. Además, éste Espíritu Sagrado de nuestro Padre Celestial es, ni másni menos que, de su misma Ley viviente, su Árbol de la vida, su Cordero Escogido, su sumo sacerdote, su gran rey Mesías de todos los tiempos, su Hijo unigénito, el Hijo de David, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y como nuestro Señor Jesucristo no hay otro igual en el cielo ni en la tierra para ser el gran rey Mesías y Redentor de Israel y de las naciones de toda la tierra; y, por tanto, «cualquiera que se declare Mesías o Cristo es un ladrón y mentiroso ante Dios y la humanidad entera, para siempre». (Y el lugar eterno de todo mentiroso, calumniador, infame, malvado, blasfemo, Mesías o Cristo falso es el lago de fuego, la segunda muerte final de su alma viviente en esta vida y en la venidera también, eternamente y para siempre.) Es por eso que nuestro Dios comenzó a llenar la tierra en el principio de su Espíritu Santo, de su Ley santísima, de su Árbol de la vida, de su unigénito, «para que hoy en día entré en nuestros corazones y se quedé con cada uno de nosotros, de todas las familias, razas, pueblos, linajes, tribus y reinos de la tierra». En otras palabras, antes que nuestro Padre Celestial llenara al hombre y a la mujer de su Espíritu Santo, primero tuvo que llenar la tierra a lo largo y a lo ancho, para que todo sea lleno de su Espíritu Santo, «así como su paraíso y su reino de los cielos son llenos del Espíritu de sus sagradas Escrituras, por ejemplo». (En la medida en que, todo es verdad en el paraíso y en el reino de Dios; y la mentira de Adán y Eva ya no existen en ningún lugar celestial, porque el Espíritu de la sangre del Señor Jesucristo lo cubrió todo y para todos de una vez por todas y para siempre para la eternidad venidera.) Justamente, esto es de ser lleno infinitamente de su gloria, como de cada palabra, letra, tilde y significado eterno de sus ordenanzas gloriosas de vida eterna y, además, sólo en el poder sobrenatural del Espíritu de la sangre sacrificada y vida honrada de su Hijo unigénito, nuestro Salvador Jesucristo, para que todos nosotros vivamos, y jamás veamos la muerte del infierno. Y nuestro Padre Celestial nos toca y llena de su Espíritu Santo, desde el génesis del cielo y la tierra, porque su nueva vida tiene que ser vivida por todos los hombres, mujeres, niños y niñas del mundo entero, así como los ángeles fieles, llenos de su Espíritu Santo; de lo contrario, «nadie podrá vivir jamás su nueva vida infinita». Como Adán y Eva por ejemplo, después de haber pecado en contra de Dios y de su Hijo amado, el Árbol de la vida eterna del paraíso al no comer de su fruto y de salud infinita de sus corazones eternos, entonces «ambos desearon quedarse a vivir en el cielo con Dios y con sus ángeles como de costumbre, pero no pudieron». No pudieron seguir viviendo en la tierra santa del paraíso, ni por un sólo instante más (peor aún sus hijos e hijas), «puesto que el corazón que estaba en ellos se volvió piedra, desdichadamente, lleno del espíritu de error y de rebelión al nombre muy santo de nuestro Padre Celestial y de su Hijo unigénito», ¡nuestro Señor Jesucristo! Es decir, que los corazones de Adán y Eva y así también de cada uno de sus descendientes, por inicio, habían pasado a ser de carne santa de las manos de Dios, a convertirse en corazones de piedra para no respetar, «ni menos honrar a nuestro Padre Celestial y a su Árbol de la vida eterna», ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y esto es pecado mortal para la tierra santa del paraíso y así también del reino de los ángeles, por ejemplo; por eso, «Adán y Eva no podían quedarse en el cielo para seguir viviendo sus vidas normales», en las cuales nuestro Dios los creo en sus manos santas en el principio de las cosas, sino que tuvieron que descender a la tierra. Para que ambos, Adán y Eva y también su linaje humano, enteramente, fuesen entonces sus corazones de piedra (por culpa de las mentiras de Satanás), cambiarse, en un momento de oración y de fe, en corazones de carne santa en sus pechos, «capaces de recibir al Señor Jesucristo, como su fruto de vida eterna, para gloria infinita de su nombre santísimo». Por ello, es la responsabilidad primordial del Espíritu Santo delante de nuestro Padre y de sus ángeles, de llevar a cada hombre, mujer, niño y niña a la luz celestial más gloriosa del cielo y de sus estrellas infinitas, «para ver al Señor Jesucristo cara a cara, no sólo en nuestros nuevos corazones sino también a cada hora del día infinitamente». Porque la verdad es que, «sin la presencia del Espíritu de Dios y de su palabra santa en nuestras vidas, entonces jamás podremos acercarnos a nuestro Señor Jesucristo», para comer de su pan celestial, ni menos beber de su agua de vida y salud eterna, para no volver a tener hambre, ni menos sed en nuestras almas infinitas. Ahora, si logramos conocer al Señor Jesucristo en nuestras vidas, entonces «vamos camino al paraíso paso a paso, pero seguros de algún día, y no muy lejano, de ver cara a cara a aquel que nos creo en su corazón y luego en sus manos santas con la ayuda idónea de su Espíritu Santo y de su unigénito», ¡el Todopoderoso! Presentemente, nuestro Padre Celestial nos da un corazón nuevo no de la carne pecadora de Adán y Eva, por ejemplo, el cual vive en nuestros pechos pecaminosos, «sino del mismo corazón de carne y de sangre muy santa y saludable, llena de bendiciones y de salud eterna del Árbol de la vida», ¡nuestro Salvador Jesucristo! Porque sólo con éste corazón santísimo de su unigénito es que podemos a amar a nuestro Creador y a sus cosas gloriosas de su vida santísima, de las cuales alegran su corazón día y noche y sin cesar en el cielo, por ejemplo; por eso, «el Espíritu del Señor Jesucristo es de gran impacto en nuestras vidas hoy más que nunca». En realidad, esto es hoy en día y como en los primeros días de la antigüedad en el paraíso y en la tierra también, «de sentir y vivir con el Espíritu de nuestro gran rey Mesías, latiendo vida en nuestros corazones», de los cuales por culpa del pecado de Adán y Eva estaban totalmente muertos a la verdadera vida angelical. Ya que, sin el Espíritu del corazón santísimo y de carne inmolada de nuestro Señor Jesucristo, entonces «no podrá ninguno de nosotros, así como Adán en el paraíso, vivir la nueva vida eterna de nuestro Padre Celestial, ni menos conocerle cara a cara», como sólo el corazón santísimo de su Hijo amado le conoce desde siempre, por ejemplo. Objetivamente, esto es en cada uno de nosotros, y más no en nuestros corazones de carne pecadora del paraíso, sino de corazones nuevos y llenos de poderes y glorias del perdón eterno, de sanidades increíbles y hasta imposibles de creer, de felicidades jamás soñadas y, por tanto «de un gozo de salvación imposible de explicar a nadie con nuestras lenguas humanas». Ahora, somos así día a día en todos los lugares de la tierra y como ya viviendo en el paraíso, por ejemplo, porque nuestro Señor Jesucristo vive en nuestros nuevos corazones, «para hacer la voluntad santa y perfecta de nuestro Padre Celestial infatigablemente, para que ya no vivamos más para el pecado sino sólo para la nueva vida eterna del cielo». Desde que, para vivir ya la nueva vida infinita de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, entonces, cueste lo que cueste, tenemos que haber recibido el corazón del Árbol de la vida en nuestros pechos humanos, el de su Hijo amado, nuestro único gran rey Mesías posible de todos los tiempos en la tierra y en el cielo para siempre. Porque nuestro rey Mesías, no sólo es para redimirnos del poder condenador del Espíritu de Los Mandamientos, por haberlo quebrando y deshonrado en nuestras vidas de cada día, sino que también «es nuestro guía y rey espiritual en la eternidad venidera de La Nueva Jerusalén Santísima del cielo, pero únicamente con su corazón de carne instalado ya en nuestros pechos». Es decir, que el corazón de pecado, de mentiras y de tinieblas terribles de Adán y Eva tiene que salir de nuestros pechos y así dejar que sea reemplazado por el corazón santo y de carne de nuestro Señor Jesucristo, «para que nuestro Padre sea infinitamente feliz con cada uno de nosotros, desde hoy mismo y por siempre en el cielo». De otra manera, sin el corazón sagrado y de carne santa de nuestro Salvador Jesucristo viviendo ya en nuestros pechos humanos, entonces no podremos jamás conocer la felicidad celestial ni menos a nuestro Hacedor y Fundador de nuestras nuevas vidas infinitas del cielo; ciertamente, que «estamos más pedidos que nunca, sin Jesucristo en nuestras vidas, como de costumbre». NUESTRA VIDA ESTÁ ASEGURADA EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO: Acertadamente, éste es el testimonio verdadero del cielo de hoy: que nuestro Padre Celestial nos da vida eterna, y ésta nueva vida existe únicamente en su unigénito, nuestro Salvador Jesucristo, para cada hombre, mujer, niño y niña de la humanidad entera; así como primeramente se lo ofreció a Adán, en el día que le dijo: «aliméntate del Árbol de la vida». Ya que, sólo el Hijo de Dios es el fruto de la vida para ángeles, arcángeles, serafines, querubines y demás seres santos del cielo y así también para la humanidad entera, «para vivir y alcanzar cada una de las bendiciones de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo en nuestro diario vivir de hoy en día y en la eternidad». Puesto que, el que tiene al Hijo tiene la vida asegurada ya en su alma infinita y escrita en el libro de la vida también; y el que no tiene al Hijo de Dios no tiene nada de vida en esta vida ni en la venidera tampoco, sino que «su nombre sigue tristemente escrito en el libro de los muertos». (Esto le debiera dar miedo a cualquier, como a los mismos ángeles caídos del cielo, por ejemplo, de saber que su nombre presentemente está escrito en el libro de Satanás y del ángel de la muerte, y más no escrito, como Dios manada, en el libro de la vida eterna de su Hijo amado, ¡nuestro Salvador Jesucristo!) Y nuestro Padre Celestial no nos creo para la muerte de Satanás jamás, sino para vivir la vida infinita desde ya de su único Hijo amado del cielo y de la tierra, «en quien no hay falsedad, ni mentira alguna para nadie sino sólo perdón y salud infinita para los que se acercan a él, por amor a nuestro Padre Celestial». En la medida en que, nadie puede acercase al Señor Jesucristo y recibirlo en su corazón como su salvador y sumo sacerdote de su alma infinita en el paraíso o en la tierra, «si primeramente su corazón no ama a su Dios y Fundador de su vida, el cual está en el cielo», ¡nuestro Padre Celestial! Es decir, también que posiblemente Adán y Eva no amaban a nuestro Padre Celestial, después de él haberlos creado en su corazón y con sus manos santas en su imagen y conforme a su semejanza celestial, «porque aún no conocían al Señor Jesucristo como su Cordero Escogido o como su único fruto de vida eterna para sus corazones eternos». Por esta razón, nadie podrá amar verdaderamente el Espíritu Santo de Los Diez Mandamientos, si no ama primeramente al gran rey Mesías de todos los tiempos en su corazón, el Hijo de David, el único salvador del mundo, ¡nuestro Señor Jesucristo!; y el que lo maldice, «realmente está maldiciendo a Dios y al Espíritu de su Ley santísima, sin duda alguna». Porque la verdad es que si Adán y Eva hubiesen amado a su Padre Celestial y Dios de sus almas infinitas, entonces «hubiesen amado fácilmente a su Hijo amado, el Árbol de la vida del paraíso y de toda la tierra, nuestro gran rey Mesías de todos los tiempos, nuestro Señor Jesucristo», ¡para comer de su fruto de vida eterna siempre! Pero, por lo visto, Adán y Eva no conocían el Espíritu de amor entre Dios y su Hijo amado todavía: ambos estaban ciegos, en aquellos primeros días de vida, «porque el Señor Jesucristo estaba lejos de sus corazones recién formados en las manos de Dios, para gloria de su nombre muy santo entre sus huestes angelicales del más allá». Asimismo, como nuestros corazones, por ejemplo, cuando nacemos en la tierra, no conocemos el amor de Dios y de su Jesucristo, si primeramente no oímos las palabras del evangelio eterno, para que, Dios comience a llevarnos a los pies del Árbol de la vida y sobre el monte santo de Jerusalén, «para eliminar nuestro pecado original y entonces recibir el perdón eterno». Visto que, nuestro Padre no sólo le puso fin a nuestros pecados y cada uno de sus males eternos sobre el Árbol de la vida y sobre el monte santo en las afueras de Jerusalén, en Israel, sino mucho más que todo esto; nuestro Dios nos habría los ojos de un corazón nuevo y de carne muy santa para la eternidad Sin duda alguna, nuestro Padre Celestial también sepulto cada una de nuestras transgresiones de la Ley santa en la muerte de nuestro Señor Jesucristo, para que cuando resucitara en el Tercer Día, pues entonces sean nuestras vidas libres de Satanás infinitamente para no sufrir y morir más, sino sólo vivir y gozar la vida infinitamente y por todas partes también. Y sólo así entonces comenzar a conocer el bien de las cosas del paraíso y de la tierra y jamás el mal de ninguna de todas ellas, en esta vida ni en la venidera también, eternamente y para siempre, para gloria y honra infinita del nombre muy santo de nuestro Padre Celestial y de su Hijo amado, ¡nuestro Señor Jesucristo! Fue por este motivo que el Señor Jesucristo les decía a sus discípulos, por ejemplo: «Nadie puede venir a mí, sino le es enviado del Padre Celestial primero; y todo aquel que viene a mí, yo, bajo ninguna circunstancia, le hecho a fuera; porque cuando el hombre se acerca a su Mesías, ya el Espíritu Santo ha transformado su corazón milagrosamente». Es decir, que el Espíritu Santo de Dios ha comenzado una vez más su gran obra magistral de transformar el corazón pecador y de piedra del hombre, por un corazón del mismo Espíritu, carne y sangre santa del Árbol de la vida, «para que comience a vivir y a gozar la misma vida de su Hijo amado», ¡nuestro Salvador Jesucristo! Con esto nuestro Señor Jesucristo nos está declarando abiertamente que si estamos en Él, el mismo Árbol de la vida del paraíso, entonces «estamos fuera del mundo de las tinieblas, para sólo vivir seguidamente el mundo de la luz del reino de los cielos y de la nueva vida infinita de La Nueva Jerusalén Santa y Perfecta del cielo». Por cuanto, nadie puede entrar con toda confianza a la nueva vida santísima de La Nueva Jerusalén Colosal del cielo, «si primeramente no ha rechazado su corazón de piedra, para recibir un corazón sano, santo, puro, glorioso, amante de la Ley de Dios y de su autor intelectual, el Todopoderoso de Israel y de la humanidad entera», ¡nuestro Padre Celestial! Con esto también nuestro Señor Jesucristo nos está diciendo, que ya no estamos en el mundo de Satanás, ni menos viviendo su vida inicua de siempre, odiosa de Dios y de su Jesucristo, por ejemplo, como de maldiciones y de muertes sin fin en la tierra y en el más allá, sino todo lo contrario. Pues desde ya hemos entrando a la nueva vida de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, la cual nuestro Dios siempre soñó, como cuando nos creaba en su corazón originalmente y en sus manos santas posteriormente, para vivirla en la eternidad celestial, «en donde sus ángeles fieles junto con la humanidad entera vivirán felices y alegres para siempre, indiscutiblemente». De hecho, ésta es una vida mucho más real de la cual vivimos hoy en día en toda nuestra sustancia humana en la tierra, pues como ella no hay otra igual en toda la vasta creación de Dios, y los ángeles del cielo lo testifican así con toda certeza de sus corazones y de sus labios para gloria infinita de Dios. Sí, ésta es la verdadera vida por la cual nuestro Creador junto con su Espíritu nos comenzó a formar en sus manos primeramente en su imagen y conforme a su semejanza celestial, «desde los primeros días de la eternidad para terminarla de construir, en el corazón de la sangre sacrificada y llena de bendiciones sin fin de su unigénito», ¡nuestro Salvador Jesucristo! En vista de que, para nuestro Padre Celestial es el corazón de su Hijo amado que tiene que transplantarse en nuestros pechos humanos, para que el Espíritu de su sangre santa y expiatoria de todos nuestros pecados, no sólo nos limpie de todo mal eterno, sino mucho más que esto. Y esto es que también nos colme de bendiciones sin fin en la tierra y en el paraíso, como de las bendiciones espirituales que se ven y de los que no se (ven), por ejemplo, «para enriquecer nuestras vidas profundamente con un corazón nuevo, no hecho del lodo de la tierra, sino como de la carne inmolada de nuestro Salvador Jesucristo». Y es por eso que cuando recibimos al Señor Jesucristo en nuestros corazones, entonces la obra que nuestro Padre Celestial empezó en cada uno de nosotros, como cuando formaba a Adán en su corazón y en sus manos santas en el reino celestial, «pues comienza una vez más para terminarla en su día y en su hora gloriosa del cielo». Además, esta vez es concretamente para seguir su curso de formación celestial, pero siempre fuera y lejos todo lo posible de Satanás, «para finalmente hacernos exactamente la persona que debemos de ser en su vida santísima y así también en la vida muy santa de su Espíritu Santo yde su Árbol de la vida de su nuevo reino sempiterno». Porque en la nueva vida infinita del nuevo reino celestial todos serán como Dios, como su Espíritu Santo y con su Hijo amado, y quizás hasta los mismos ángeles serán casi como nosotros, gloriosos y grandemente bendecidos como nuestro Señor Jesucristo, «pero jamás alcanzaran los ángeles la gloria de ser la imagen y semejanza divina de nuestro Padre Celestial». Es por eso que para nuestro Padre Celestial somos muy especiales para su corazón, para su alma y semejanza santísima hoy en la tierra y así también, aun con mayor gloria que antes, en la nueva eternidad celestial, libres de Satanás y, a la vez «llenos de bendiciones sin fin en nuestros nuevos corazones de carne santa y perfecta de Jesucristo». Es por esta razón que en ningún otro hay salvación para el hombre, la mujer, el niño y la niña de la humanidad entera, ni aún en los ángeles más poderosos y gloriosos del reino de los cielos, sino sólo en el fruto del Árbol de la vida, ¡nuestro Salvador Jesucristo! Y el que no cree ésta gran verdad celestial en su corazón de piedra, entonces está pecando como Adán y Eva pecaron delante de Dios y de su Jesucristo, para mal de sus vidas y de los suyos también, desdichadamente; «y nuestro Dios no busca que el hombre peque, sino que le crea a su Jesucristo, antes hoy que mañana». Por lo tanto, el que recibe al Señor Jesucristo en su corazón, entonces ha de ser, sin duda alguna, porque nuestro Padre Celestial lo ha enviado a él, para que reciba de su Hijo amado su misma vida santísima, «la cual le pertenece sólo a él, desde mucho antes de la fundación del cielo y de la tierra, para vivirla hoy». Si, así es, estás viviendo en el día y la hora cuando debes de recibir al Señor Jesucristo como tu pan del cielo y como tu agua de vida y de salud eterna, «para que no vuelvas a tener hambre ni sed jamás en todo tu ser en la tierra y en el más allá también, eternamente y para siempre». Porque la vida que nuestro Padre Celestial nos da en el Señor Jesucristo es para vivirla hoy, llena del perdón eterno, de salud y de bendiciones sin fin, en esta vida y en la venidera también, «para que sólo conozcamos el Espíritu de amor, paz, gozo, felicidad y la santidad infinita de nuestro Dios y Creador Celestial», ¡el Todopoderoso! Visto que, hemos nacido para nuestro Padre Celestial desde las profundas tinieblas de la tierra y del vientre de nuestras madres, y así también «desde lo desconocido y no visto aún de la gloria celestial e infinitamente gloriosa del Espíritu de la sangre santa y de la vida honrada de nuestro único salvador de nuestras vidas», ¡nuestro Salvador Jesucristo! Entonces todos no conocíamos ésta nueva vida eterna, por la cual fuimos creados en el corazón y en las manos de Dios y de su Espíritu Santo, sino hasta que nuestro Dios envió a su Hijo amado a Israel «para manifestarla a cada uno de nosotros, si tan sólo creemos en su nombre muy santo y salvador», ¡nuestro Mesías Jesucristo! Por lo tanto, para nuestro Padre Celestial sólo el Árbol de la vida, su Hijo amado, «es el gran rey Mesías para Adán y Eva en el paraíso y así también para cada hombre, mujer, niño y niña de todas las familias de la tierra», para que alcancen el perdón eterno y la vida misma eterna del cielo. Es por eso que nuestro Señor Jesucristo les decía a sus discípulos una y otra vez: «Yo soy el camino, la verdad y la vida; nadie puede entrar al reino de los cielos para ver cara a cara al Padre Santo, sino es solamente por mí». Y sin el Espíritu del Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones, entonces nadie sabrá vivir su vida jamás en la tierra, ni mucho menos en el más allá; realmente, «el hombre es un ser sin corazón de carne en su pecho, totalmente perdido en sus tinieblas eternas del infierno, para jamás ver la luz de la nueva vida del más allá». En el más allá, como con Adán y Eva en el paraíso, por ejemplo, o a donde sea que vaya su alma perdida sin Dios y sin la esperanza salvadora de su rey Mesías, el Hijo de David, ¡el Todopoderoso de Israel y de las naciones! Ciertamente, estábamos tan hundidos y perdidos infinitamente entre las mismas profundas tinieblas de cualquier hueco de la tierra o tumba humana del ayer, por ejemplo, para sólo ver y conocer las tinieblas sin fin de los pecados y maldades de Satanás y de sus ángeles caídos, en esta vida y en el fuego eterno del infierno, la segunda muerte. Y es por eso que nuestro corazón de piedra sufre día y noche los embates del enemigo y de sus aliados de siempre, para destruirnos enteramente, «ya que vivimos en su reino y bajo el poder de las mentiras y de sus muchos males eternos, como de los que no tienen fin alguno en la tierra ni en la eternidad infernal». Pero nuestro Padre Celestial tuvo misericordia de cada uno de nosotros, y nos comenzó a dar de la gracia redentora del fruto del Árbol de la vida, como se lo ofreció a Adán en el paraíso primero, «para que no muramos de hambre ni de sed jamás, sino que seamos llenos del pan del cielo todos los días de nuestras vidas». Pues sólo tinieblas veían nuestros corazones día y noche en todos los lugares de la tierra por culpa de Adán, «y hasta que la luz del cielo se nos manifestó, por medio de la predicación del evangelio del perdón, de salud y de vida eterna, el Hijo de Dios, nuestro gran rey Mesías de todos los tiempos», ¡el Hijo de David! Ciertamente, que nuestro Padre Celestial estaba haciendo lo imposible para redimirnos de nuestros mismos males eternos, cambiándonos nuestros corazones, para que ya no sigamos por el camino de la maldad de Satanás, sino que «caminemos ahora en el camino de la verdad, la vida y de salud eterna del nuevo reino de Dios en la nueva eternidad venidera», ¡nuestro Salvador Jesucristo! Porque el corazón nuevo y de carne que nuestro Padre nos da a cada uno de nosotros, de los que hemos creído en su Hijo y en su nombre salvador, «sólo sigue los pasos de él en la tierra y del más allá también, no importando jamás por donde vayamos»; y en éste camino milagroso hay poderes favorecedores siempre para todos. Pues nuestro Señor Jesucristo trajo consigo cada solución a nuestros problemas en la tierra y del paraíso también, todo lo numeroso que sean todos ellos, de parte de Satanás y del árbol de la ciencia del bien y del mal, «para sanar nuestras vidas y así vivamos para nuestro Dios siempre, para finalmente conocerle como el Fundador de nuestras nuevas vidas infinitas». Es decir, que con el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo viviendo en nuestros corazones, como el gran rey Mesías del cielo, como el Cordero Escogido de Dios, como el sumo sacerdote y el único salvador posible de nuestras almas eternas, pues entonces «ya no somos de Satanás y de sus maldiciones de siempre, sino de la vida santísima del cielo». Es decir, también, que con el Señor Jesucristo volvemos a nacer con un corazón no de piedra sino de Dios y de su Espíritu Santo, para que las tinieblas ya no entren en ninguno de nosotros, «sino que sólo entre la luz del cielo y de la vida gloriosa y bendita de los ángeles fieles y beatos de Dios, por ejemplo». Porque los ángeles fieles son gloriosos y poderosos, llenos de amor por cada uno de nosotros, ya que somos la imagen y semejanza divina de nuestro Padre Celestial, de Jesucristo y de su Espíritu Santo también, «para bendecir y fortalecer nuestras vidas cada día, asimismo como fortalecían a Jesucristo en sus días débiles en el mundo, como cuando necesitaba del cielo». Ahora, si somos de nuestro Padre Celestial, por medio del Espíritu de nuestro Señor Jesucristo y de su sangre santísima, entonces estamos caminando en la voluntad perfecta de nuestro Padre Celestial sobre toda la faz de la tierra, con un corazón que le ama verdaderamente, «para sólo conocer el bien de las cosas, ya sean del cielo o de la tierra». Comprobado que, el camino de nuestro Hacedor es un camino santo y perfecto, lleno del Espíritu del perdón eterno y, a la vez, lleno de las bendiciones antiguas del reino de los cielos «para satisfacer nuestros corazones y nuestras almas infinitas con milagros, maravillas y prodigios sin fin, los cuales nos llenaran de tantas cosas y poderes eternos diariamente». Y estas bendiciones y poderes sobrenaturales del reino de Dios no sólo son para nosotros, los que creemos en él, por medio de su Hijo unigénito, nuestro Salvador Jesucristo, «sino también para todos los que han de creer muy pronto en sus nuevos corazones de carne, de que el Señor Jesucristo es su Hijo en la tierra y para la eternidad». Porque para vivir para nuestro Padre Celestial y así servirle en la tierra como los ángeles le sirven siempre, por ejemplo, en el reino de los cielos, pues entonces «necesitamos diariamente muchas cosas y poderes increíbles», de los cuales no se encuentran en la tierra sino sólo en el cielo y en el Espíritu del Árbol de la vida eterna. Es como si nosotros somos una misma carne, una misma sangre y un mismo espíritu en el Árbol de la vida, y el Árbol de la vida, a la vez, es como nosotros mismo, por ejemplo; no podemos vivir sin el uno y el otro; «tenemos que vivir juntos siempre, no importando jamás las distancias entre el paraíso y la tierra». Por ello, sin todas estas cosas santas y poderes sobrenaturales y especiales de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, entonces «no podremos vivir ni un sólo momento más en la tierra ni menos podremos servirle a él, como es debido en todos los días de nuestras vidas»; es por eso que sin Jesucristo somos hombres infinitamente ciegos para Dios. No conocemos nada de nada, ni menos podemos ver nuestro camino de regreso al paraíso o al nuevo reino de los cielos, como La Nueva Jerusalén Santa y Gloriosa del cielo, por ejemplo; pues entonces «estamos tan perdidos como un cometa en el vasto firmamento sin rumbo alguno, sino la segura colisión con otro objeto cosmológico para fin de nuestro camino. Ciertamente, no tenemos poder alguno para regresar a nuestro Padre Celestial o al paraíso para conocer a nuestra nueva vida celestial por vez primera, sino que estamos excluidos de la vida eterna y del reino angelical por falta de muchas cosas buenas en nuestras vidas y, además «por falta de los poderes sobrenaturales del perdón eterno, bendiciones y de la salud infinita». Y nuestro Dios nos ama, aún así, por eso viene a nosotros cada día con el Espíritu de la sangre expiatoria de su Árbol de la vida, como el fruto de la vida, para darnos de comer de su Hijo y beber del Espíritu de su sangre salvadora, «para que ya no suframos más por falta de las cosas, sino mucho más todavía». En otras palabras, que todo lo bueno abunde en nuestras vidas, «así como abundan las cosas buenas en las vidas de sus ángeles fieles, sin que jamás les falte ningún bien», para gloria y honra de su nombre santísimo, en esta vida y en la venidera también, eternamente y para siempre. Porque para nosotros vivir en la tierra y así también en el paraíso no sólo necesitamos poderes especiales y muchas cosas buenas y gloriosas de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo para enriquecer nuestras vidas espirituales, como los seres especiales del cielo, por ejemplo, sino que «tenemos que ser infinitamente saludables para hacerlo todo bien para nuestro Dios constantemente». Y esta salud no puede ser como la de los ángeles del cielo sino mucho mayor que la de ellos, así como la misma salud infinita de nuestro Padre Celestial, por ejemplo, y es por eso «que debemos tener el Espíritu de nuestro gran rey Mesías ya viviendo en nuestros corazones, para ser saludables y fuertes para nuestro Dios siempre». Pues ésta es la verdadera salud de nuestros corazones, espíritus, almas y cuerpos humanos y más no la salud pecadora y muy débil de Satanás o de Adán, por ejemplo, «la cual hemos heredado de ellos por culpa del error de sus corazones de piedra, en contra no de ángeles fieles, sino del mismo Árbol de la vida», ¡nuestro Señor Jesucristo! Y es por eso que desde el día que Adán y Eva se rebelaron en contra del fruto del Árbol de la vida eterna, pues entonces hemos comenzado a sufrir terriblemente todas clases de males terribles de nuestros corazones, espíritus, almas y cuerpos humanos, «para sólo conocer el mal de las cosas y la muerte eterna del ángel de la muerte». Pero si tomamos en nuestras manos del fruto del Árbol de la vida de nuestro Padre Celestial y de su Espíritu Santo, entonces estaremos retomando la vida eterna con valentía, «la cual Adán y Eva despreciaron asombrosamente al comer del fruto prohibido del árbol del mal eterno del paraíso», para destruir negligentemente sus vidas y la de su linaje humano también. Porque en el momento que mordemos del fruto del Árbol de Dios, entonces «las tinieblas se apagan inmediatamente en nuestras vidas con sus maldiciones», para que la luz de Dios y de su Árbol de la vida se encienda y llene nuestros corazones, espíritus y cuerpos humanos con esas ricas bendiciones de salud y de vida, que no tiene fin. Dado que, cuando el Espíritu de nuestro Señor Jesucristo entra en nuestros corazones, «entonces también entra en toda la tierra para cada uno de nosotros, para apagar cada una de las tinieblas y dardos de maldad que Satanás y sus ángeles caídos lancen en contra de nosotros» y así darnos luz por siempre en todas las cosas de nuestras vidas. Por todo ello, éste es el verdadero testimonio del cielo hoy en día, que nuestro Padre Celestial nos da vida eterna, y ésta nueva vida está en el corazón de nuestros cuerpos glorificados, «el cual vive ya en el Espíritu de la sangre santificada de nuestro Señor Jesucristo», ¡el único Salvador posible de nuestras almas eternas en la tierra y en el paraíso! ¡Amén! El amor (Espíritu Santo) de nuestro Padre Celestial y de su Jesucristo es contigo. ¡Cultura y paz para todos, hoy y siempre! Dígale al Señor, nuestro Padre Celestial, de todo corazón, en el nombre del Señor Jesucristo: Nuestras almas te aman, Señor. Nuestras almas te adoran, Padre nuestro. Nuestras almas te rinden gloria y honra a tu nombre y obra santa y sobrenatural, en la tierra y en el cielo, también, para siempre, Padre Celestial, en el nombre de tu Hijo amado, nuestro Señor Jesucristo. LAS MALDICIONES BIBLICAS, para los que obran maldad día y noche, (Deuteronomio 27: 15-26): “‘¡Maldito el hombre que haga un ídolo tallado o una imagen de fundición, obra de mano de tallador (lo cual es transgresión a la Ley perfecta de nuestro Padre Celestial), y la tenga en un lugar secreto!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que le reste importancia a su padre o a su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que cambie de lugar los limites de propiedad de su prójimo!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que desvié al ciego de su camino!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que falsee el derecho del extranjero, del huérfano yde la viuda!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que se acueste con la mujer de su padre, porque descubre la desnudes de su padre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que tenga contacto sexual con cualquier animal!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que se acueste con su hermana, hija de su padre o hija de su madre!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que se acueste con su suegra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que a escondidas y a traición hiera de muerte a su semejante, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que acepte soborno para matar a un inocente, sin causa alguna!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ “‘¡Maldito el que no cumpla las palabras de esta ley, poniéndolas por obra en su diario vivir en la tierra!’ Y todo el pueblo dirá: ‘¡Amén!’ LOS ÍDOLOS SON UNA OFENSA / AFRENTA A LA LEY PERFECTA DE DIOS Es por eso que los ídolos han sido desde siempre: un tropiezo a la verdad y al poder de Dios en tu vida. Un tropiezo eterno, para que la omnipotencia de Dios no obre en tu vida, de acuerdo a la voluntad perfecta del Padre Celestial y de su Espíritu Eterno. Pero todo esto tiene un fin en tu vida, en ésta misma hora crucial de tu vida. Has de pensar quizá que el fin de todos los males de los ídolos termine, cuando llegues al fin de tus días. Pero esto no es verdad. Los ídolos con sus espíritus inmundos te seguirán atormentando día y noche entre las llamas ardientes del fuego del infierno, por haber desobedecido a la Ley viviente de Dios. En verdad, el fin de todos estos males está aquí contigo, en el día de hoy. Y éste es el Señor Jesucristo. Creeen Él, en espíritu y en verdad. Usando siempre tu fe en Él, escaparas los males, enfermedades y los tormentos eternos de la presencia terrible de los ídolos y de sus huestes de espíritus infernales en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos también, para la eternidad del nuevo reino de Dios. Porque en el reino de Dios su Ley santa es de día en día honrada y exaltada en gran manera, por todas las huestes de sus ángeles santos. Y tú con los tuyos, mi estimado hermano, mi estimada hermana, has sido creado para honrar y exaltar cada letra, cada palabra, cada oración, cada tilde, cada categoría de bendición terrenal y celestial, cada honor, cada dignidad, cada señorío, cada majestad, cada poder, cada decoro, y cada vida humana y celestial con todas de sus muchas y ricas bendiciones de la tierra, del día de hoy y de la tierra santa del más allá, también, en el reino de Dios y de su Hijo amado, ¡el Señor Jesucristo!, ¡El Todopoderoso de Israel y de las naciones! SÓLO ESTA LEY (SIN ROMPERLA) ES LA LEY VIVIENTE DE DIOS Esta es la única ley santa de Dios y del Señor Jesucristo en tu corazón, para bendecirte, para darte vida y vida en abundancia, en la tierra y en el cielo para siempre. Y te ha venido diciendo así, desde los días de la antigüedad, desde los lugares muy altos y santos del reino de los cielos: PRIMER MANDAMIENTO: “No tendrás otros dioses delante de mí”. SEGUNO MANDAMIENTO: “No te harás imagen, ni ninguna semejanza de lo que esté arriba en el cielo, ni abajo en la tierra, ni en las aguas debajo de la tierra. No te inclinarás ante ellas ni les rendirás culto, porque yo soy Jehová tu Dios, un Dios celoso que castigo la maldad de los padres sobre los hijos, sobre la tercera y sobre la cuarta generación de los que me aborrecen. Pero muestro misericordia por mil generaciones a los que me aman y guardan mis mandamientos”. TERCER MANDAMIENTO: “No tomarás en vano el nombre de Jehová tu Dios, porque Él no dará por inocente al que tome su nombre en vano”. CUARTO MANDAMIENTO: “Acuérdate del día del sábado para santificarlo.. Seis días trabajarás y harás toda tu obra, pero el séptimo día será sábado para Jehová tu Dios. No harás en ese día obra alguna, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu siervo, ni tu sierva, ni tu animal, ni el forastero que está dentro de tus puertas. Porque en seis días Jehová hizo los cielos, la tierra y el mar, y todo lo que hay en ellos, y reposó en el séptimo día. Por eso Jehová bendijo el día del sábado y lo santificó”. QUINTO MANDAMIENTO: “Honra a tu padre y a tu madre, para que tus días se prolonguen sobre la tierra que Jehová tu Dios te da”. SEXTO MANDAMIENTO: “No cometerás homicidio”. SEPTIMO MANDAMIENTO: “No cometerás adulterio”. OCTAVO MANDAMIENTO: “No robarás”. NOVENO MANDAMIENTO: “No darás falso testimonio en contra de tu prójimo”. DECIMO MANDAMIENTO: “No codiciarás la casa de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su siervo, ni su sierva, ni su buey, ni su asno, ni cosa alguna que sea de tu prójimo”. Entrégale tu atención al Espíritu de Dios y déshazte de todos estos males en tu hogar, en tu vida y en la vida de cada uno de los tuyos, también. Hazlo así y sin mas demora alguna, por amor a la Ley santa de Dios, en la vida de cada uno de los tuyos. Porque ciertamente ellos desean ser libres de sus ídolos y de sus imágenes de talla, aunque tú no lo veas así, en ésta hora crucial para tu vida y la vida de los tuyos, también. Y tú tienes el poder, para ayudarlos a ser libres de todos estos males, de los cuales han llegado a ellos, desde los días de la antigüedad, para seguir destruyendo sus vidas, en el día de hoy. Y Dios no desea continuar viendo estos males en sus vidas, sino que sólo Él desea ver vida y vida en abundancia, en cada nación y en cada una de sus muchas familias, por toda la tierra. Esto es muy importante: Oremos junto, en el nombre del Señor Jesucristo. Vamos todos a orar juntos, por unos momentos. Y digamos juntos la siguiente oración de Jesucristo delante de la presencia santa del Padre Celestial, nuestro Dios y salvador de todas nuestras almas: ORACIÓN DEL PERDÓN Padre nuestro que estás en los cielos: santificada sea la memoria de tu nombre que mora dentro de Jesucristo, tu hijo amado. Venga tu reino, sea hecha tu voluntad, como en el cielo así también en la tierra. El pan nuestro de cada día, dánoslo hoy. Perdónanos nuestras deudas, como también nosotros perdonamos a nuestros deudores. Y no nos metas en tentación, mas líbranos del mal. Porque tuyo es el reino, el poder y la gloria por todos los siglos. Amén. Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, vuestro Padre Celestial también os perdonará a vosotros. Pero si no perdonáis a los hombres, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Por lo tanto, el Señor Jesús dijo, "Yo soy el CAMINO, y la VERDAD, y la VIDA ETERNA; nadie PUEDE VENIR al PADRE SANTO, sino es POR MÍ”. Juan 14: NADIE MÁS TE PUEDE SALVAR. ¡CONFÍA EN JESÚS HOY! MAÑANA QUIZAS SEA DEMASIADO TARDE. YA MAÑANA ES DEMASIADO TARDE PARA MUCHOS, QUE NO LO SEA PARA TI Y LOS TUYOS, EN EL DÍA DE HOY. - Reconoce que eres PECADOR en necesidad, de ser SALVO de éste MUNDO y su MUERTE. Dispónte a dejar el pecado (arrepiéntete): Cree que Jesucristo murió por ti, fue sepultado y resucito al tercer día por el Poder Sagrado del Espíritu Santo y deja que entré en tu vida y sea tu ÚNICO SALVADOR Y SEÑOR EN TU VIDA. QUIZÁ TE PREGUNTES HOY: ¿QUE ORAR? O ¿CÓMO ORAR? O ¿QUÉ DECIRLEAL SEÑOR SANTO EN ORACIÓN? -HAS LO SIGUIENTE, y di: Dios mío, soy un pecador y necesito tu perdón. Creo que Jesucristo ha derramado su SANGRE PRECIOSA y ha muerto por mi pecado. Estoy dispuesto a dejar mi pecado. Invito a Cristo a venir a mi corazón y a mi vida, como mi SALVADOR. ¿Aceptaste a Jesús, como tu Salvador? ¿Sí _____? O ¿No _____? ¿Fecha? ¿Sí ____? O ¿No _____? Si tu respuesta fue Si, entonces esto es solo el principio de una nueva maravillosa vida en Cristo. Ahora: Lee la Biblia cada día para conocer mejor a Cristo. Habla con Dios, orando todos los días en el nombre de JESÚS. Bautízate en AGUA y en El ESPÍRITU SANTO DE DIOS, adora, reúnete y sirve con otros cristianos en un Templo donde Cristo es predicado y la Biblia es la suprema autoridad. Habla de Cristo a los demás. Recibe ayuda para crecer como un nuevo cristiano. Lee libros cristianos que los hermanos Pentecostés o pastores del evangelio de Jesús te recomienden leer y te ayuden a entender más de Jesús y de su palabra sagrada, la Biblia. Libros cristianos están disponibles en gran cantidad en diferentes temas, en tu librería cristiana inmediata a tu barrio, entonces visita a las librerías cristianas con frecuencia, para ver que clase de libros están a tu disposición, para que te ayuden a estudiar y entender las verdades de Dios. Te doy las gracias por leer mí libro que he escrito para ti, para que te goces en la verdad del Padre Celestial y de su Hijo amado y así comiences a crecer en Él, desde el día de hoy y para siempre. El salmo 122, en la Santa Biblia, nos llama a pedir por la paz de Jerusalén día a día y sin cesar, en nuestras oraciones. Porque éstaes la tierra, desde donde Dios lanzo hacia todos los continentes de la tierra: todas nuestras bendiciones y salvación eterna de nuestras almas vivientes. Y nos dice Dios mismo, en su Espíritu Eterno: “Vivan tranquilos los que te aman. Haya paz dentro de tus murallas y tranquilidad en tus palacios, Jerusalén”. Por causa de mis hermanos y de mis amigos, diré yo: “Haya paz en ti, siempre Jerusalén”. Por causa de la casa de Jehová nuestro Dios, en el cielo y en la tierra: imploraré por tu bien, por siempre. El libro de los salmos 150, en la Santa Biblia, declara el Espíritu de Dios a toda la humanidad, diciéndole y asegurándole: - Qué todo lo que respira, alabe el nombre de Jehová de los Ejércitos, ¡el Todopoderoso! Y esto es, de toda letra, de toda palabra, de todo instrumento y de todo corazón, con su voz tiene que rendirle el hombre: gloria y loor al nombre santo de Dios, en la tierra y en las alturas, como antes y como siempre, para la eternidad. http://www.supercadenacristiana.com/...pe=wm%20%20/// http://www.unored.com/streams/radiovisioncristiana.asx http://radioalerta.com |
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| ¿Alguien sabe cómo bloquear este tipo de mensajes? Entre la viagra, los parches milagrosos, los aumentos de pene y los jesucristos, tengo el foro y el mail tan lleno de basura, que al final se hace difícil encontrar los mensajes que merecen la pena. A ver ivancito, yo no quiero ser salvada, porque no creo que haya nada de lo que tengas que salvarme. Me gustaría creer en el cielo, por esto de no acojonarme cada vez que pienso que puedo morir mañana y se acabó. Pero la verdad es que se me hace tan difícil, y la fe tiene tantas contraindicaciones, que al final me pasa como con el alcohol o las drogas, que no me compensa. Yo creo que la fe es inversamente proporcional al crecimiento económico. Cuanta más miseria, más fe. Por eso los tiempos de crisis siempre han traído devociones y conservadurismo. Aunque también me quedo con eso de que la religión es el opio del pueblo. No se necesita religión para ser educado y respetuoso con las libertades ajenas. Es más, en la mayoría de los casos, la religión ataca la libertad del vecino. Deberías crear un grupo de noticias, escribir allí, y liarte a pedradas verbales con los otros usuarios que han caído últimamente por aquí, como el del camino a la felicidad a través del islam. Seguro que pasáis un rato entretenido tirándoos vuestras novelas (convertidas en prescripción facultativa) a la cabeza. No había visto yo la relación entre la copa de Europa y tu dios, mira tú. Será por eso que nunca pasábamos de cuartos, se ve que no orábamos lo suficiente. No deja de ser entonces curioso que no ganasen cuando el PP, y que dios se haya reconciliado con Zapatero y la ley de matrimonio homosexual, será que dios se está haciendo progresista, o que rodeado de tanto ángel asexuado, le ha pasado como lo que pasa en las cárceles, que San Pedro siempre está a mano. "Y hasta aquí puedo leer." He de decir que me han chirriado los dientes con tanta tilde impuesta por amor a lo divino o perdida en caminos inescrutables. El estómago lo ha pasado peor, pero por el contenido. > Pues esta es la promesa de vida y de salud eterna, (...) > Por lo tanto, ésta vida de nuestro Señor Jesucristo, (..) Y como ya me he aburrido. Sigo a lo mío. Libre de dioses y de patrias. En cualquier caso, siento decirte que según tu libro de instrucciones, en el cielo sólo hay espacio para 144.000 personas. Si divides la antigüedad de la especie humana por ese numerito, tienes más oportunidades de ganar la lotería todos los domingos durante un par de años consecutivos, que de ganar un huequecito en el cielo. Ale, empieza a comprar boletos. |
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| * martafdz: > ¿Alguien sabe cómo bloquear este tipo de mensajes? sip Seleccionas el post raiz, en el soft de correo, news, y feeds, thunderbird, y aprietas la letra k Y desaparece todo el hilo molesto de araña cenagosa. Puaj Manosanto el thunderbird Te lo puedes bajar de aqui: http://www.mozilla.com/en-US/product...win&lang=es-AR Y luego importas todo. |
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| "martafdz" <martafdz***sinestohotmail.com> escribió en el mensaje news:Oa2dnU8Tq-99m-TVnZ2dnUVZ8rednZ2d***posted.plusnet... > ¿Alguien sabe cómo bloquear este tipo de mensajes? > Entre la viagra, los parches milagrosos, los aumentos de pene y los > jesucristos, tengo el foro y el mail tan lleno de basura, que al final se > hace difícil encontrar los mensajes que merecen la pena. Seb.- Uso un programa antispam gratuito que funciona (por lo visto conoce una larga lista de remitentes a los que sabe ha de parar). También puede uno filtrar, con él, casos más particulares. Se baja de http://www.spamfighter.com/ Me cuesta un poco creer que esto no es conocido. A lo mejor pedías otra cosa. Saludos. Sebastián. |
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| "martafdz" <martafdz***sinestohotmail.com> escribió en el mensaje news:Oa2dnU8Tq-99m-TVnZ2dnUVZ8rednZ2d***posted.plusnet... > > En cualquier caso, siento decirte que según tu libro de instrucciones, en > el cielo sólo hay espacio para 144.000 personas. Si divides la antigüedad For heaven's sake, 144.000... los Jefferson Airplane reunieron a más personas en Woodstock, y ya parecían todos hormigas vistos desde helicóptero Piensa de todas formas que respondes a un predicador de Guayaquil, en Ecuador. Como muchas otras, una populosa ciudad de violentos contrastes plagada de parroquias católicas, advenentistas y testigos de Jehová, gangs, asesinos a sueldo y políticos corruptos, que ha vivido más levantamientos en su historia que el mismo Infierno. Otro mundo, como, por ejemplo, el del cinturón religioso del sur profundo norteamericano que retratan Jim White y Johnny Dowd en el maravilloso documental de la BBC "Searching for the wrong-eyed Jesus" y como dicen allí "if you go looking for some truth about it you'll have to look under the rocks and stones" http://www.youtube.com/watch?v=aV5hezwCl8Q |
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| Seb.- Para el antispam de referencia, el enlace adecuado es éste: http://www.spamfighter.com/Lang_ES/Product_Info.asp Sebastián. "Sebastián" <inotnaBORRAR***ono.com> escribió en el mensaje news:g5c747$tq2$1***registered.motzarella.org... > > "martafdz" <martafdz***sinestohotmail.com> escribió en el mensaje > news:Oa2dnU8Tq-99m-TVnZ2dnUVZ8rednZ2d***posted.plusnet... >> ¿Alguien sabe cómo bloquear este tipo de mensajes? >> Entre la viagra, los parches milagrosos, los aumentos de pene y los >> jesucristos, tengo el foro y el mail tan lleno de basura, que al final se >> hace difícil encontrar los mensajes que merecen la pena. > Seb.- Uso un programa antispam gratuito que funciona (por lo visto conoce > una larga lista de remitentes a los que sabe ha de parar). También puede > uno filtrar, con él, casos más particulares. Se baja de > http://www.spamfighter.com/ > > Me cuesta un poco creer que esto no es conocido. A lo mejor pedías otra > cosa. Saludos. > > Sebastián. > |
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| coppelius wrote: > Piensa de todas formas que respondes a un predicador de > Guayaquil, en Ecuador. Piensa de todas formas que respondes a una persona acosada por el spam, en el interné. > "if you go looking for some truth about it > you'll have to look under the rocks and stones" > > http://www.youtube.com/watch?v=aV5hezwCl8Q thanks, man. you are una fucking mine. |
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| Mmmm... es decir... que vosotros no habéis recibido el mensaje de ivancito, y vuestros programas alzaron las barreras, los puños y los bytes contra su palabrería... No, si ya lo decía albaroth... Thunderbird, Marta, thunderbird Echaré una ojeada al spamfighter también Seb. Gracias! ![]() "znôrt" <x***x.com> wrote in message news:Xns9ADAD32605FA4smoothskuarematrix***194.177.98 .144... > coppelius wrote: > >> Piensa de todas formas que respondes a un predicador de >> Guayaquil, en Ecuador. > > Piensa de todas formas que respondes a una persona acosada por el spam, > en el interné. > >> "if you go looking for some truth about it >> you'll have to look under the rocks and stones" >> >> http://www.youtube.com/watch?v=aV5hezwCl8Q > > thanks, man. you are una fucking mine. |
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| martafdz wrote: > Mmmm... es decir... que vosotros no habéis recibido el > mensaje de ivancito, y vuestros programas alzaron las > barreras, los puños y los bytes contra su palabrería... en absoluto. la diferencia es que a mi ivancito no me pone de los nervios. será que estoy más bregao. llevo años leyendo entre capulladas inmensas, dichas con impasible ademán. o que lo que conviene adaptar no es (sólo) la tecnología, también los ojos. de ahí al cerebro sólo es un saltito. anyway nada que objetar a tu post que hasta suscribiría en un porcentaje cercano al centaje. simple aburrimiento. y necesitaba un pretexto para agradecerle el link a copp ... ya que no tenía ninguna canica a mano que pasarle in return. supuse que lo mismo, con suerte, le arrancaba una sonrisa (de esas torcidas suyas) y con eso ya tira que te vas ... :O) |
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| znôrt wrote: > el link por cierto ... si hubiera delegado esa responsabilidad de mi cerebro en un filtro utomático de meros ceros y unos ... me habría evitado la no tan espantosa molestia de ver un hilo de más en el arbolito ... y también me habría perdido tu fijación de posición (perdóneseme jerga parlamentaria here) y esa lindeza de jim white. one never knows qué rana es la que dará el salto mortal. hay que andar con mil ojos! ![]() |
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