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  #1 (permalink)  
Antiguo 16-07-2008, 13:19:20
gsmiga
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Avaro.


Joaquín López Villamil, era bajo, rechoncho y calvo. La edad le había dibujado
en las comisuras de la boca un perpétuo rictus despectivo. La verdad es que no
tenía buen concepto de sus congéneres. Porque Xocas-así le llamaban-se conside
raba un hombre virtuoso en comparación con los demás.
Era viudo. Su difunta tuvo, un buen día, la sana ocurrencia de morise, saciada
de asco y tedio. Habían tenido una hija, Generosa, a la que su padre había tra
tado con la misma afección que al can de palleiro que alimentaba con las so
bras de su escueta pitanza. La muchacha se había casado muy joven, para escapar
de la siniestra tutela paterna. Desde entonces, Xocas, muy satisfecho, vivía so
lo.
Se alimentaba frugalmente, con las legumbres que él mismo cultivaba. A veces
añadía algunos chinchos al magro condumio, y tan contento. No fumaba porque era
un vicio infecto. Tampoco bebía porque era caro. Y no iba con mujeres porque
su edad le alejaba de la concupiscencia. Su aseo corporal era por demás somero.
Una vez al trimestre se lavaba los pies. Una vez al mes, se refrescaba los soba
cos. Y lo hacía con agua de la acequia, por ahorrar agua corriente, que a co
bran coma se fose petróleo. Tampoco la calentaba, por aforrar butano. Y tan me
ritorio sacrificio, le ocasionaba, cada vez que se lavaba, tremendas bronquitis,
que lo llevaban al médico en busca de remedio. Iba a gusto, porque la asisten
cia y las recetas nada costaban. Experimentaba un placer indescriptíble cuan
do en la farmacia, a cambio de la receta le daban los medicamentos tan bien en
vasados, tan nuevecitos, completamente "jratis". Entonces se iba paseando len
tamente hacia su casa, experimentando el increíble gozo de llevar en la mano
algo suyo que le había caido del cielo.
En cierta ocasión atrapó a una comadreja. Iba a matarla, pero su mente calcula
dora le hizo pensar en sacarle rendimiento. La metió en una jaula que armó con
unos alambres, la tapó con un pedazo de manta vieja, se fué a la feria de Lis
tanco, y colocó un letrero para llamar la atención de papanatas y galopines: a
cambio de una peseta, levantaba la manta y exhibía su presa unos minutos. Vol
vió a casa con cinco duros campaneando alegremente en su bolsillo. ¡Un nejosio!
Alimentó al bicho con un poco de maiz, y con algún ratón campesino despistado,
y se dedicó a echar cuentas a la luz de una pupinela de aceite-había que afo
rrar lus eléutrica, que vai carísma-sobre los rendimientos que podría sacar
a su industria recorriendo las ferias de la comarca.
Generosa iba a verlo una vez al mes, y aprovechaba para darle una vuelta a la
casa. A Xocas no le gustaba aquella muestra de afección filial. Pensaba que a
su hija podría ocurrírsele pedirle algo a cambio el día menos pensado. Non fai
falla que te molestes, muller, eu enténdome soio. Boeno, papai, a casa hay que
aireala de cando en ves. Él meneaba la cabeza mostrando su desagrado, y se iba
a la cocina a ver se fervían os grelos.
Otra vez, Belarmino, el primo de su difunta, pasó con el ganado por la veiga
de Xocas. Era una costumbre que había adquirido con el consentimiento del ma
trimonio. Pero aquello se acabó, porque ni corto ni perezoso, Xocas se fué a
ver al juez de paz y denunció el caso. Hubo una avenencia amistosa, y Venancio
aceptó "resarcir" a Xocas con una cantidad simbólica. Nuestro hombre salió del
juzgado brincado de gozo. Se había embolsado coarenta pesos...sen avojado nin
ostias...Y se había sacado de encima al Belarmino para siempre jamás. Era lo
que siempre había pensado...a gusticia sempre lle da a rasón a quen a ten, madia
leva.
Los últimos días del mes eran para Xocas la quintaesencia de la felicidad. Se
iba a la caixa de aforros, a ver si le habían ingresado la pensión. Entregaba la
cartilla al empleado para que se la pusiese al día, y luego se deleitaba con
templando el nuevo guarismo que acreditaba que era un poco más rico. Recreándo
se en el suerte, ordenaba al funcionario que le entregase una parte, poca cosa,
lo necesario para hacer frente a los mínimos gastos que tenía. Se metía los
cuartiños en el peto, y se iba acercando hasta su casa, gozando el inmenso albo
rozo de saber que tenía en su poder algo que le daban a cambio de nada. Para su
mezquina alma, el dinero tenía todo el poder taumatúrgico que para otros repre
sentan acendradas creencias inmmateriales. Vivía miserablemente...con la seguri
dad de que nada le faltaría.
Un día ocurrió lo que siempre había temido. Generosa fué a verlo, y le contó
que su marido estaba en el paro, y que a ella se le había presentado la ocasión
de coger el traspaso de un modesto quiosco de prensa. Poca cosa. Con un millón
podría arreglarse. Le pedían un poco más, pero tenía unos ahorros que iba a em
plear allí. En el plazo de dos años esperaba devolver el préstamo y los intere
ses que acordasen...Ti pensas que os cartos medran nas maceiras-respondió Xocas
malhumorado-se tivera o millón que pides, eu era rico...Veña, papai, vostede
ben sabe que llo hei devolvere; non diga que no ten ises cartos, porque ben sa
be que minte... ¡Non teño tal! Vaite e non volvas.

Generosa se fué, y Xocas experimentó un sentimiento de alivio. La gente tenía
que acostumbrarse a vivir con sus propios medios. Era una desconsideración que
viniese a molestar a su anciano padre...¡por dinero! Aquello era el colmo. Si
uno le fuese dando a la gente todo lo que pide, caería en la más negra miseria.
Cualquiera con dos dedos de frente se daría cuenta. Lo que pasa es que a nadie
se le ocurre pensar en los demás, y todo es pedir, y venga a pedir. No se can
san nunca. Ya sabía él que aquellas visitas iban a terminar así.
Por si las moscas, Xocas se cerró en casa a cal y canto. Si alguien llamaba, no
abría, no fuera a ser Generosa. Si tenía que salir, daba dos vueltas al cerro
jo, y se aseguraba de que estaban todas las ventanas cerradas. Procuraba, espe
cialmente, tener la casa cerrada aquellos días del mes en que solía venir su
hija, para dar la impresión de que estaba fuera. Y se cercioró de que la caja
metálica en que guardaba la cartilla, estaba bien oculta debajo de una tabla
suelta del piso de su dormitorio, tapada con la alfombra. Todas las precaucio
nes son pocas cuando la gente pide cuartos. En tales casos la conciencia se ha
ce elástica como la goma...y uno tiene la obligación de mirar por sí mismo.
Una mañanita que estaba en el sobrado eligiendo unos ajos para hacerse una so
pa, sintió una especie de soponcio. Bajó a la cocina con intención de hacerse
una manzanilla, pero antes de prender lumbre se sintió mucho peor. Entonces,
trastabillando se fué al dormitorio, y allí se le nubló la vista y cayó redon
do encima de la alfombra que cobijaba su tesoro. Su cuerpo quedó frontero a la
pared, justo debajo de una imagen de la Milagrosa, de la que siempre fué devo
ta su difunta, aúnque nunca se obró el milagro que esperó toda su vida.
-¡Probiño-exclamó una piadosa vecina cuando encontraron el cuerpo de Xocas-sei
ca lle pregaba a Nosa Señora!
La pobre Generosa, que estaba presente, recordó aquella sentencia evangélica
...."donde el hombre guarda su tesoro, allí tiene su corazón". Ella, que igno
rándolo su padre, conocía su secreto, sabía con certeza cual había sido su úl
tima oración.

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  #2 (permalink)  
Antiguo 17-07-2008, 20:09:24
Sciuro
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Avaro.

Jeje gracias gsmiga, me parece que lo estoy viendo.

"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje de
noticias391l5-mr.ln1***news.uned.es...
>
> Joaquín López Villamil, era bajo, rechoncho y calvo. La edad le había
> dibujado
> en las comisuras de la boca un perpétuo rictus despectivo. La verdad es
> que no
> tenía buen concepto de sus congéneres. Porque Xocas-así le llamaban-se
> conside
> raba un hombre virtuoso en comparación con los demás.



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  #3 (permalink)  
Antiguo 17-07-2008, 20:14:09
Blanca Barojiana
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Avaro.

On 16 jul, 15:19, gsmiga <manuf...***mixmail.com> wrote:
> Joaquín López Villamil, era bajo, rechoncho y calvo. La edad le había dibujado
> en las comisuras de la boca un perpétuo rictus despectivo. La verdad esque no
> tenía buen concepto de sus congéneres. Porque Xocas-así le llamaban-se conside
> raba un hombre virtuoso en comparación con los demás.


Es buenísima, gsmiga, tu descrición del personaje. Me ha gustado mucho
y he pasado un rato estupendo leyéndolo. O sea que, con más palabrejas
y menos salero, te vengo a decir lo mismo que Sciuro. Gracias.
Saludos,

Blanca
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  #4 (permalink)  
Antiguo 18-07-2008, 10:34:59
Sapristi
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Avaro.

Hay siempre algo esencial, básico en tus historias; una suerte de espina
dorsal a partir de donde todo fluye organizadamente.
Es de agradecer.
Saludos
:-)

"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje
news391l5-mr.ln1***news.uned.es...
> Joaquín López Villamil, era bajo, rechoncho y calvo. La edad le había
> dibujado




Responder Con Cita
  #5 (permalink)  
Antiguo 19-07-2008, 08:58:07
Sebastián
 
Mensajes: n/a
Predeterminado Re: Avaro.


"gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje
news391l5-mr.ln1***news.uned.es...
>
> Joaquín López Villamil, era bajo, rechoncho y calvo. La edad le había
> dibujado
> en las comisuras de la boca un perpétuo rictus despectivo.


Seb.- Tiendes a dibujar figuras monolíticas, de una sola línea. Es
interesante, pero no debe ser fácil. Supongo que, para decir algo que valga
la pena, hay que cavar más a fondo de lo corriente. En "Avaro" me ha
parecido valiosa la convicción que tenía el hombre, por las buenas, de que
no le convenía que su hija lo visitara. Profundo y sutil. Saludos.

Sebastián.


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