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| María Luisa de Borbón y Borbón, nacida en Parma y esposa del imbécil Carlos IV, llevaba en su persona toda la maléfica influencia de su genes borbónicos por partida doble. Su actividad genésica fué incansable. Era ninfómana, tara que transmitió a su nieta Isabel II. Tuvo nada menos que ¡catorce partos y diez abortos!. En 1794, tan solo quedaban con vida siete de los catorce hijos. El doctor Galippe informa de sus antecedentes familiares. Su padre-como toda la raza borbónica pertenecía a matrimonios consanguíneos-el infante don Feli pe, era hijo del perturbado Felipe V y de Isabel de Farnesio-la gorda parme sana, según Saint Simón-y se había casado con su prima Luisa Isabel de Fran cia, hija mayor de Luis XV. La madre de María Luisa era herpética, igual que Luisa Isabel de Orleáns, es posa de Luis I de España. Al llegar a Madrid, la Farnesio la apodó "la tiñosa" por las rojas manchas que tenía en rostro, garganta y hombros. El doctor Caba nés dice de la madre de María Luisa que era "muy depravada"; y el doctor Ga lippe..."Luisa Isabel, ambiciosa, viciosa y extraordinariamente depravada, pa saba por haber empujado a Luis XV a tomar a sus hijas como amantes". El médi co se explaya en la crítica del monarca galo..."Es cosa sabida que detestaba a su hijo y que si amaba a sus hijas con un amor incestuoso, no tenía ningún cariño por ellas". Sigue el médico refiriéndose al monarca..."Michelet dice que crió él mismo en secreto, sin la asistencia de una mujer de servicio, en un cuartito de su departamento a una niña que compró a la edad de nueve años, a la que él mismo educó enseñándole las oraciones...Y después la violó y la dejó encinta". También se ocupó Galippe de las tías de María Luisa. Diagnosticó a Ana Enrique ta como "herpética, enfermiza e incestuosa". De María Adelaida afirmó que era "epiléptica, estrafalaria, violenta, incestuosa, altiva, orgullosa, cruel, y de espíritu corto y falso". De Sofía Filipina Isabel Justina, que fué "escrofulo sa y enfermiza". Por su parte, el Delfín Luis, era..."de inteligencia muy li mitada, de carácter extraño y piedad ardiente". Vaya cuadro familiar. Según el diplomático ruso Tratchewski, María Luisa era, a sus 38 años, una mu jer nada guapa y bastante deforme..."Los partos repetidos, las indisposiciones, y tal vez también un germen de una enfermedad que se dice hereditaria, la ha bían ajado completamente; su color se había vuelto aceitunado y la pérdida de sus dientes ha dado el golpe de gracia a su belleza". Desde el primer momento, María Luisa, tomó los mandos del gobierno. Así lo re lata Jovellanos..."En este día primero (cuando subió al trono Carlos IV, el 14 de Diciembre de 1788)ambos recibieron a los embajadores de familia y ambos des pacharon juntos con los ministros de Marina y Estado, quedando desde la primera hora establecida la participación del mando a favor de la reina como natural mente y sin esfuerzo alguno". También es cierto, que el monarca era un comple to badulaque, que tenía arranques de ira como cuando se lanzó sable en mano contra Esquilache, o abofeteó a Grimaldi, o le arreó un bastonazo al conde de Aranda. La opinión de Desdevises du Dézert, deja poca duda acerca del monarca..."Car los IV sería clasificado por los alienistas modernos en la clase de los semi- imbéciles, capaces de recibir cierta instrucción, pero desprovistos de la más mínima dignidad y de la más mínima energía". Esto se confirma en la anécdota relatada por el doctor Cabanés, que cuenta el lío de la reina con un tal Mallo al que había recurrido al pelearse con Godoy..."Manuel-dijo el rey a Godoy- ¿quien es ese Mallo, que todos los días cambia de coche y aparece con caballos nuevos? ¿De dónde saca el dinero para satisfacer gustos tan dispendiosos?-Se ñor-replicó Godoy con la mayor seriedad del mundo-; Mallo, en efecto, no po see un solo maravedí; pero se dice que lo sostiene una mujer vieja y fea que roba a su marido para pagarse un amante. El rey comprendió la alusión y, rién dose a carcajadas, dijo:-¡Cómo, María Luisa! ¿Qué piensas tú de esto?-¡Ah, Car los!-respondió la interrogada-, ¿no sabes tú que Manuel se complace en bro mear?". Un documento conservado en los archivos del Ministerio de Relaciones Exterio res de París, expresa toda ésta desvergüenza..."Es el vicio en toda su fealdad, es el escándalo más nauseabundo; ni urbanidad, ni delicadeza, ni pudor, privado o público; las costunbres están corrompidas, sin estar dulcificadas...Ningún miramiento, ningún velo esconde este horríble espectáculo a los ojos de la multitud, y tal vez en toda España no hay una sola persona que no sepa que, para alimentar la extraña sensibilidad de la reina, no es demasiado la asidui dad de un funcionario titular (el rey), las atenciones pasajeras del príncipe de la Paz (Godoy) y el concurso frecuente de la flor y nata de los guardias de corps..." María Luisa jamás correspondió a su esposo. Gobernó el país durante 20 años, sin preocuparse más que de sí misma. En opinión del corrupto canónigo zarago zano, Juan Escoiquiz, la reina tenía..."un corazón vicioso por naturaleza, in capaz de un verdadero cariño, un egoísmo extremado, una astucia refinada, una hipocresía y un disimulo increíbles y un talento que, aúnque claro, dominado por sus pasiones, no se ocupaba más que en hallar medios de satisfacerlas, y miraba como un tormento intolerable toda aplicación a cualquier asunto verdade ramente serio". La reina era, además, perversa. La persecución y acoso a que sometió a su nue ra María Antonia de Nápoles-primera esposa de Fernando VII-no tuvo tasa ni fre no. Despidió a sus camareras, que eran el único vínculo que la unían a su fa milia. Despreciaba a su nuera hasta el punto de llamarle "duende"..."El duende se convirtió con el tiempo en escupitina de su madre, víbora ponzoñosa, anima lito sin sangre y sí todo hiel y veneno, rana a medio morir, diabólica sierpe". Así trataba a su nuera. Pero llegó a más. A María Antonia le gustaba leer, y entonces la suegra se dedicó a perseguirla y ordenarle que le entregase todos los líbros, privándola así del único consuelo que tenía a mano. Además, la reina estaba orgullosísima de su ignorancia. Así escribe a Godoy en carta con fecha de 21 de Mayo de 1804..."Soy mujer, aborrezco a todas las que pretenden ser inteligentes, igualándose a los hombres, pues lo creo impropio de nuestro sexo; sin embargo de que las hay que han leido mucho y habiendo aprendido al gunos términos del día, ya se creen superiores en talento a todos; tal es la Jaruco y otras varias, y no digo nada de las francesas; pero como soy españo la, por la gracia de Dios, no peco por allí". Del espionaje a que sometía a su nuera, da fe el marqués de Villa Urrutia... "De cuanto se decía o hacía en el cuarto de los príncipes tenía, pues, la rei na más o menos fiel noticia, y a su inspección se sometía antes de que fueran a colada las prendas que más de cerca tocaban a su nuera, y sobre las cuales escribía después a Godoy con la misma libertad con que le hablaba de sus pro pios achaques. Mas quiso saber lo que María Antonia escribía o a ella le escri bían, y desde entonces toda la correspondencia de la princesa, así como la de los embajadores macarrones, que así llamaba María Luisa a los de Nápoles, abríase en Madrid, y de su contenido se daba cuenta a Su Majestad y era después enviada a su destino". Ni siquiera se apiadó de la enfermedad mortal de su nuera. Así escribe a la reina de Etruria, su hija..."Tu cuñada sigue hinchada, con tos, dolor en el pe cho y opresión en él, y ayer en el vómito arrojó una miaja de sangre; pero siem pre con su genio tramando e intrigando como su madre..., pues ella todo merece por su mala fe y sus infames tramas y maldades, tirando a quitarnos la vida a tu padre, al pobre Manuel y a mí...y ella arrastra a Fernando, esto resérvalo pues va con el mayor sigilo". No es extraño que de tal madre saliese semejante hijo, como el traidor y canalla Fernando VII. Cuando la terrible reina murió, el viúdo Carlos IV, ya en el exilio y dentro de su idiocia irrecuperable, escribió a su amigo más íntimo, que le puso más cuer nos que un saco de caracoles... "Amigo Manuel: No te puedes figurar cómo he quedado después del terrible golpe de la pérdida de mi amada esposa, después de cincuenta y tres años de mi feliz matrimonio. Yo he estado bastante atrope llado; pero, gracias a Dios, estoy mucho mejor. No dudo que en la enfermedad la habrás asistido con todo el esmero posíble; pero habiendo faltado la reina no es decente que Carlota viva en mi casa. Yo la señalo mil duros al mes, y así, llévatela a vivir fuera contigo y harás bien en ejecutarlo antes de que yo vaya a Roma. Esto no impide que vengas a verme siempre que quieras, y que do, como siempre, el mismo". Dios los cría, y ellos se juntan. |
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| "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje de noticias:4l77l5-nj.ln1***news.uned.es... > María Luisa de Borbón y Borbón, nacida en Parma y esposa del imbécil > Carlos > IV, llevaba en su persona toda la maléfica influencia de su genes > borbónicos > por partida doble. (corte) >> Dios los cría, y ellos se juntan. Gracias, gsmiga, notable resumen. Pero, óiganme, Carlos IV ¿era muy campechano, o no era muy campechano? La respuesta es afirmativa, a campechanía no le ganaba nadie. Pues eso es lo que importa, qué caramba. Y si dices que además se portó divinamente cuando el motín de Esquilache (debía de tener unos dieciocho años, así a ojo, y era príncipe), qué más se puede pedir a un rey, amos, digo yo. Sciuro |
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| "gsmiga" <manuf_81***mixmail.com> escribió en el mensaje news:4l77l5-nj.ln1***news.uned.es... > María Luisa de Borbón y Borbón, nacida en Parma y esposa del imbécil > Carlos > IV, María Luisa de Borbón-Parma, si no le estorba el apunte correctivo. No es nada relevante la imbecilidad de Carlos IV. ¿Conoce algún rey español que no lo haya sido -omitiré a Fernando I de Aragón, que siempre me cayó muy bien? El que fuese herpética imagino que le servirá en otra ocasión para hablar de la hemofilia de la actual, como castigo divino por sus maldades. Por cierto, olvida comentar que esa enfermedad se transmitió igualmente a Isabel II. No es que me considere monárquico, pero hay formas de contar la historia (la verdad de la historia), sin recurrir a Fisas o Kelsen. La exuberancia de adjetivos denostativos (imagino que prestados o de su propia cosecha) no coincide, se lo aseguro, con lo que cuentan los auténticos expertos. Es pura demagogia considerada en los términos más estrictos ('abusar del desconocimiento y capacidad de análisis del pueblo llano'). Si quiere conocer (y hablar o escribir) de historia, adquiera los 42 tomos de la Menéndez Pidal. Cuestan un güebo, pero si los busca por la red verá que los hay, sueltos, a precios muy asequibles. Y olvídese de una vez del S. del R.D., leches. |
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