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| Estaba a punto de salir de casa y notó que iba sin llaves. Volvió, maquinalmente, su mirada al gran baúl bajo el espejo que se ofrecía al visitante como primera vista del interior de la casa, el baúl que había sido de su abuelo, y en el que se ocultaba de niño en la gran casa de campo que visitaba aquellos veranos... Pero no quería empezar a divagar, simplemente quería sus llaves, y no estaban allí, donde siempre, sobre el baúl, dentro del elegante cuenco de loza de Macao que le hacía viajar a la feliz ocasión en que vio a sus primos por primera vez, llegados de Oriente, vestidos como príncipes extranjeros... Y ya había empezado a extraviarse otra vez, y necesitaba salir, y comprar el pan y el periódico, ese otro pan intelectual que se sirve a diario en todo el mundo, caliente, recién salido de las imprentas... No, tenía que actuar, tirar de las riendas de su mente enervantemente digresora, no necesitaba recordar nada más que dónde estaban sus llaves. Así que haciendo oídos sordos a sí mismo, Marcel se dirigió a la cocina, directo a la alacena donde guardaba ordenadamente sus magdalenas, para morder una de las que tenía en aquel tarro, el tercero por la derecha, graciosamente rotulado a mano con un prosaico "magdalenas de evocar dónde ha puesto las llaves". |
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| On 3 jul, 02:00, "k0HELL" <ESTAdireccionESfa...***chimpun.com> wrote: > Así que haciendo oídos sordos a sí mismo, Marcel se dirigió a la cocina, > directo a la alacena donde guardaba ordenadamente sus magdalenas, para > morder una de las que tenía en aquel tarro, el tercero por la derecha, > graciosamente rotulado a mano con un prosaico "magdalenas de evocar dónde ha > puesto las llaves". :-D Dentro de seis mil años, cuando nuestros huesos ya sean polvo en el polvo, cuando nuestros descendientes miren con extrañeza y fastidio al pasado, sintiéndose incapaces de recordar si el que estaba enterrado en Abu Simbel era Ramses II o ese otro rey de Francia, Kennedy V, habrá un Museo del Papel en una ciudad de provincias donde se guardarán curiosas reliquias de la época en que la información se transmitía sobre láminas de celulosa: carteles, libros, hojas sueltas, recibos, tickets del metro... El museo, como todos los museos de provincias, tendrá casi siempre más vigilantes que visitantes, pero en las tardes lluviosas siempre habrá algún desocupado lector, de esos que se leen los cartelitos de los museos. Y allí, en un rincón, junto a un pequeño cuadro de una hoja de árbol, en una vitrina de fragmentos de libros conservados por el folklore popular, habrá un fragmento lleno de aromas que, mágicamente, mediante palabras suaves, le hará evocar el placer de la memoria. Con un cartelito blanco pulcramente rotulado: "Magdalena", de Proust. |
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| En una cripta olvidada bajo San Pedro del Vaticano se guarda un pergamino que contiene el misterio mejor guardado de la Cristiandad, un arcano que si se hiciera público conmovería los cimientos de la fe de millones de personas, la revelación de cuál era la verdadera sustancia harinosa sobre la que Cristo estableció, en la última cena, el sacramento de la Comunión: el secreto de la Magdalena. |
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